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Revista Digital, Reducción del Riesgo de Desastres. Dirección General de Protección Civil y Emergencias
FotoCabecera. Ministerio del interior. Dirección General de Protección Civil y Emergencias
Nº 11  · Verano 2019
Revista digital
Reducción del riesgo de desastres
    Comisión Técnica del Comité Español
de la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres
EMERGENCIAS Y PSICOLOGÍA. MODELO DE PSICOLOGÍA DE CATÁSTROFES DESDE EL SISTEMA NACIONAL DE PROTECCIÓN CIVIL. icono ver más volver 

Autoras: Elena Puertas López, Isabel Vera Navascues. Dirección General de Protección Civil y Emergencias. España.

 

Catástrofes y Psicología. Algunas aclaraciones. 

La experiencia manifiesta que las catástrofes y grandes emergencias no producen una gran cantidad de trastornos psicopatológicos duraderos en los afectados por estas situaciones. 
 
El consenso profesional defiende, por el contrario, que las reacciones psicológicas de las personas en los momentos de una emergencia o catástrofe se pueden considerar “normales” en el contexto de circunstancias extraordinarias, aunque se acepta que son situaciones potencialmente traumáticas. 

Una experiencia potencialmente traumática se entiende como aquella que tiene la capacidad de amenazar la vida de la persona, tanto en su integridad física como psicológica, de distorsionar el proceso habitual de su existencia y alterar sustancialmente su biografía. Puede ser de múltiples tipologías, atentados, accidentes, guerras, catástrofes, etcétera, pero resulta necesario recalcar que son múltiples también las reacciones y sentimientos que puede suscitar, que no todos los individuos o comunidades afectadas padecen un trauma al vivir situaciones que potencialmente pueden desencadenarlo. Este es un factor primordial para no atribuir la palabra “traumático” a un suceso que, si bien, frecuentemente suele producir un intenso sufrimiento, pertenece al orden de los hechos, de lo externo, y no al orden psíquico como tal. Con este matiz semántico, se intenta evitar que aquellas personas o grupos que viven este tipo de acontecimientos esperen o estén condenados a sentir el trauma que viene predefinido por la situación.  

En este sentido, las respuestas inmediatas más comunes pueden contener un alto grado de tensión emocional y estar caracterizadas por la ansiedad, la confusión y embotamiento, y pueden ir acompañadas de disfunciones cognitivas y un impacto psico fisiológico intenso. Pero suelen ser reacciones adaptativas para enfrentar la situación de amenaza y peligro. 

Sin embargo, una intervención psicológica adecuada en esos primeros momentos de impacto, puede contribuir a manejar ese intenso malestar emocional y a una mejor normalización o recuperación posterior de los afectados. 

Por ello, y en contraste con la tradición histórica de dar respuesta exclusivamente a las necesidades de las víctimas físicamente heridas, hoy en día, puede garantizarse el derecho de que los individuos y comunidades afectadas reciban una respuesta integral que contemple tanto las necesidades sanitarias y de supervivencia, como las necesidades sociales y psicológicas que pueden aparecer en una emergencia o catástrofe. Debe haber un apoyo institucional que pueda dar una respuesta interdisciplinar; respuesta que no sólo ofrezca cuidados paliativos sino que se caracterice por un enfoque preventivo, tanto social como psicológico. 

En función de las necesidades psicológicas individuales y colectivas que surgen en situaciones de emergencia y del apoyo especializado que requieren, las instituciones competentes en catástrofes y emergencias contemplan en sus Planes de Emergencia la inclusión de profesionales de la psicología que den respuesta a todas las necesidades de índole psicológica y social que se deriven.

En esta línea, desde principios de los años 90 del pasado siglo, desde la Dirección General de Protección Civil y Emergencias del Ministerio del Interior de España, se viene trabajando en un modelo de psicología de emergencias que tiene como punto de referencia el marco funcional del sistema de protección civil atendiendo, desde la psicología, las funciones atribuidas a dicho sistema: funciones de anticipación, prevención, planificación, intervención inmediata y posterior, y recuperación.

Antecedentes históricos. 

El interés por identificar y conocer las reacciones psicológicas y las consecuencias de sufrir una emergencia o catástrofe, motivaron estudios empíricos ya a lo largo del siglo XX. 

Los conflictos bélicos de las dos Guerras Mundiales, fueron de los primeros eventos sobre los que se realizaron; estudios que reflejaron la aparición del trauma paralizante, psicosis reactiva y lo que entonces se denominó neurosis de guerra. Son estudios que resaltan la gran vulnerabilidad psicológica que provoca psicopatologías duraderas, por lo que podríamos entender que postularon una Teoría Psicologista

Pero a lo largo de la década de los años 60, se fundó el centro de investigación de desastres en la Universidad de Delaware en EEUU y se empezaron a realizar estudios sistemáticos con población civil que se encontraba en situaciones de catástrofes no bélicas, sino de origen natural o por accidente o incendios urbanos. Estas investigaciones resaltaron los sentimientos colectivos de ayuda mutua en las comunidades afectadas, la capacidad de respuesta y la capacidad de auto organización en su afán de recuperación, es decir, enfatizaron que la lucha por la supervivencia saca lo mejor del ser humano. Este enfoque pone todo el peso en las variables sociológicas minimizando las consecuencias psicológicas. Podríamos identificar, por tanto, una Teoría Sociologista

En la Actualidad. Modelo de Resiliencia.  

Sin embargo, en la actualidad, sabemos que ninguna de ellas es 100% válida, que las consecuencias sociales y psicológicas en emergencias y catástrofes son multifactoriales y por definición, pueden provocar múltiples efectos. 

El enfoque de trabajo actual se dirige, en primer término, a identificar y analizar la vulnerabilidad psicológica y social para, sobre ese conocimiento, rescatar y fomentar la capacidad de recuperación psicológica y social de los afectados. Partiendo de esa línea desde la vulnerabilidad hacia la capacidad, el modelo de trabajo tiene como objetivo conseguir una mayor fortaleza psicológica y un crecimiento psicológico y social posterior a la crisis. En definitiva, un modelo enfocado a la salud, a la Resiliencia. 

Esta concepción es un avance en el ámbito del estudio y entendimiento de la crisis desde el punto de vista humano, al cambiar la suposición de los modelos asistenciales clásicos de psico traumatología y victimología, que atribuyen al potencial devastador de un acontecimiento la capacidad de predecir las reacciones psicológicas individuales y colectivas que le siguen. Son modelos que se fundamentan en la intervención sobre el síntoma, en lo patológico, la carencia, la vulnerabilidad, frente al modelo de la resiliencia que se dirige a la gestión e intervención sobre la fortaleza y la capacidad y asume el potencial intrínseco del ser humano para un afrontamiento no traumático. 

Marco de referencia de Psicología Emergencias y Catástrofes. 

Uno de los grandes mitos de la psicología en este ámbito es que es una disciplina presente sólo en la fase de intervención, cuando se ha desencadenado el desastre. 

Sin embargo, de la misma forma que se atribuyen y desarrollan las funciones del sistema de protección civil, la psicología cuenta con conocimientos y herramientas para poder aportar en las distintas fases de gestión del riesgo. 

•    ANTES de la situación de emergencia o catástrofe: 

  • Anticipación: La psicología estudia e investiga sobre las causas de las determinadas reacciones, aspectos y efectos psicológicos que pueden darse en situaciones de emergencia, es decir, evalúa los riesgos que pueden derivarse de la dimensión psicológica de las catástrofes. 

En esta concepción, se realizan investigaciones psicológicas y sociales para identificar las influencias y condicionantes psicológicos en situaciones críticas; el papel de las instituciones y medios de comunicación y redes sociales en el comportamiento colectivo ante desastres; necesidades de índole psicológico y social para el afrontamiento efectivo. También se realizan investigaciones para identificar y mejorar perfiles personales y profesionales de los gestores de emergencias y personal de intervención. 

Todos los resultados que arrojan los estudios pueden ser utilizados convenientemente para elaborar programas de prevención, para desarrollar procedimientos de intervención y para fundamentar programas de rehabilitación.

  • Prevención: La prevención en el campo de la psicología de emergencias, se entiende como aquellos programas encaminados a favorecer la prevención de los aspectos psicológicos y sociales de emergencia y catástrofes. 

Otro de los mitos en este campo, es que la psicología de emergencias y catástrofes sólo es un instrumento de ayuda para los afectados directos y familiares. Y sólo se trabaja con población. 

Sin embargo, además de con afectados y familiares, el trabajo del psicólogo también puede ser de utilidad para gestores y grupos de intervención. Seguidamente se explica. 

  • Prevención con la población: el trabajo se dirige a reducir la vulnerabilidad de la población ante riesgos y en emergencias incrementando la organización cognitiva ante los riesgos, favoreciendo la capacidad de afrontamiento efectivo y, en definitiva, ayudando a aumentar la fortaleza psicológica. Estos programas podrán ser de naturaleza diversa. Entre ellos, programas de información y comunicación preventiva ante diferentes situaciones de riesgos: 

- riesgos estacionales 
- información sobre riesgos que afecten concretamente a colectivos residentes en determinadas zonas de riesgo (zona de riesgo químico, de riesgo nuclear, de inundaciones, de sismos…)
- riesgos generales que pueden afectar a cualquier persona en múltiples actividades de la vida cotidiana (incendios forestales en excursiones, incendios en edificios públicos…) 
- riesgos que aunque no afecten al lugar de residencia pueden tener incidencia en otros lugares del planeta que son muy visitados por motivos de turismo, trabajo, estudio, etcétera.

Conocer los riesgos y, sobre todo, conocer e interiorizar medidas preventivas para poder hacerles frente, (que es el objetivo fundamental de estos programas de información y comunicación preventiva), aumenta el sentimiento de autoeficacia en las personas y la capacidad de autocontrol en situaciones de emergencia. 

Otra actividad preventiva dirigida a aumentar y mejorar la resiliencia de la población es la concienciación para la participación ciudadana en simulacros

Y los programas preventivos de autoprotección escolar, que permiten que los niños puedan crecer con mayor sensibilización sobre los riesgos y los comportamientos adaptativos y de protección necesarios para hacerles frente, integrando la prevención como un valor de su educación. 

En este campo el psicólogo podrá aportar técnicas de procesamiento de la información social en situaciones críticas, seleccionando métodos adecuados de comunicación del riesgo, y fundamentos de los automatismos de conducta para un mejor afrontamiento. Además, muchos de los programas preventivos se sustentan sobre la base de la participación ciudadana, lo que requiere diseños de actividades específicas para fomentar dicha participación. 

  • Prevención con grupos de intervención: programas encaminados a favorecer la prevención de los aspectos psicológicos en los intervinientes que pueden derivarse por la naturaleza de las tareas que desempeñan. Son programas que pretenden un buen establecimiento de perfiles para poder realizar una acertada selección y con ello poder evitar riesgos psicológicos posteriores y diseñar, a la vez, programas de formación adecuados. El contenido de esos programas de formación para intervinientes, irá dirigido al conocimiento de situaciones potencialmente estresantes identificando habilidades personales para el afrontamiento y nociones básicas de apoyo psicológico como técnica de ayuda inmediata con las personas con las que habitualmente el interviniente va a ser el que realice la primera intervención en situaciones de emergencia.
  • Prevención con gestores de emergencias: En la misma línea que con intervinientes, el perfil profesional del gestor de emergencias permitirá una buena selección de puesto y un programa de formación que refuerce conocimientos y entrenamiento en el manejo de situaciones críticas, trabajo en equipo y liderazgo y comunicación, y resolución de conflictos y toma de decisiones. 
  • Planificación: Otra de las creencias extendidas sobre el psicólogo en emergencias y catástrofes es que cuando ocurre una emergencia, puede acudir de forma voluntaria a intentar ayudar. Sin formación específica y/o sin pertenecer a una organización determinada con competencia en estas situaciones. 

Sin embargo, es necesario, que para poder ofrecer una respuesta coordinada para todas las necesidades de índole psicológica y social, haya un Plan de Grupo de Intervención Psicológica que regule la actuación del psicólogo en una emergencia. 

Ese Plan de Intervención Psicológica debe contener los objetivos de la intervención, las funciones y tareas a desarrollar por el psicólogo, la configuración del equipo de psicólogos y requisitos para poder formar parte, y los procedimientos específicos de activación, coordinación, actuación y desactivación. El psicólogo debe contar con adscripción a un organismo competente en riesgos y emergencias o formar parte de manera específica de acuerdos entre organismos y asociaciones de psicólogos profesionales e instituciones públicas. 

•    DURANTE la situación de emergencia. 

  • Intervención: Podemos establecer una diferenciación en cuanto al momento de la intervención: 
  • durante la emergencia o inmediata, intervención de primer orden, es decir, mientras dura el dispositivo y el plan de intervención psicológica activado, y 
  • después de la emergencia o diferida o de segundo orden, cuando ya el plan de intervención psicológica ha sido desactivado y, ante la necesidad de algunas personas de recibir un apoyo extraordinario por no haber funcionado sus propias estratégicas psicológicas, se ponen en marcha los servicios psicológicos y sociales necesarios.

 Y en cuanto al tipo de intervención, ya que puede ser una 

  • intervención estratégica con los gestores de la emergencia, debido a la intensa movilización de recursos humanos en estas situaciones, esta intervención va dirigida a ayudar a gestores de la emergencia, a los tomadores de decisiones, en el manejo de las situaciones de estrés caracterizada por estrés decisional, presión de tiempo, presión mediática, etcétera que, a menudo, se les presentan en estos momentos. Así mismo, asesorar a los Gestores de la Emergencia sobre aquellos aspectos de índole psicosocial que puedan influir en los ciudadanos afectados por la emergencia o catástrofe.
  • También puede haber una intervención o prevención secundaria de apoyo en emergencias, dirigida a intervinientes. El objetivo es apoyar y asistir en todas las necesidades psicosociales a los distintos grupos de para disminuir los niveles de estrés, facilitar una adecuada canalización de emociones, gestionar recursos personales, etcétera.
  • Una intervención de apoyo y atención psicológica con afectados directos y familiares, siendo su objetivo mitigar o modular las consecuencias del suceso en los afectados facilitando la asunción de la situación a través de la puesta en marcha de distintas estrategias de afrontamiento, fundamentalmente con fines preventivos y a través de técnicas de apoyo psicológico.

•    DESPUÉS de la emergencia.

  • Recuperación: Son todas aquellas acciones y programas encaminados a restablecer en lo posible la vuelta a la “normalidad psicológica”, tratando de potenciar los recursos sociales y comunitarios en la mejora de las condiciones vitales ante la nueva situación que supone haber vivido una catástrofe. Se enfocarán desde un modelo salutogénico encaminados a la restauración del bienestar psicológico y social y al crecimiento postraumático. 

Ámbitos de la Psicología implicados en la Psicología de Emergencias y Catástrofes. 

Otra de las creencias preconcebidas en relación a la psicología en este campo, es que la rama de la psicología que la define es la Psicología Clínica. Pero desde un punto de vista más amplio, se puede hacer uso de técnicas y conocimientos que se encuentran en otros dominios y especialidades de la psicología. 

Así, la Psicología Social y Comunitaria, puede aportar herramientas de investigación acerca del comportamiento en catástrofes, instrumentos para la mejora de la comunicación con la población afectada y la opinión pública en general, así como programas de intervención social y comunitaria que pueden suponer un apoyo clave en la gestión del riesgo y de la emergencia. 

La Psicología de las Organizaciones, también puede ser de gran utilidad, aportando instrumentos y conocimientos para asesorar en el factor humano, en todas las variables y aspectos psicológicos que van a tener repercusión en la gestión de la emergencia y van a poder condicionar algunas consecuencias psicológicas en los afectados. 

La Psicología Clínica, es necesaria y útil dotando a la intervención de técnicas para que la intervención sea preventiva en el manejo de situaciones críticas, entrevistas personalizadas, manejo de grupos familiares, técnicas de negociación, inicio de duelo, y sistemas de detección de personas que pueden tener algunos factores de riesgo psicológico previos. 

Y la Psicología Jurídica,  porque aporta conocimientos y herramientas para las fases posteriores a la emergencia en cuanto a consecuencias legales de la emergencia, juicios, indemnizaciones, etcétera, y que puede conllevar repercusiones psicológicas a corto, medio y largo plazo. 

Es por tanto la Psicología una herramienta útil y necesaria en la gestión del riesgo, en todas las fases del desastre. La psicología tiene un potencial preventivo y asistencial que favorece el desarrollo de la resiliencia en personas y comunidades afectadas por este tipo de situaciones.

 

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