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Revista Digital, Reducción del Riesgo de Desastres. Dirección General de Protección Civil y Emergencias
FotoCabecera. Ministerio del interior. Dirección General de Protección Civil y Emergencias
Nº 11  · Verano 2019
Revista digital
Reducción del riesgo de desastres
    Comisión Técnica del Comité Español
de la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres
CONVERSATORIO SOBRE LA GESTIÓN DEL RIESGO DE DESASTRES (GRD), CON MIEMBROS DE COMUNIDADES DEL PUEBLO WOUNAAN DE LOS MUNICIPIOS DEL BAJO BAUDÓ Y EL LITORAL DE SAN JUAN, DEPARTAMENTO DEL CHOCÓ, PACÍFICO COLOMBIANO. (PARTE II) icono ver más volver 

EQUIPO RESPONSABLE DEL ESTUDIO:

Fundación Plan
Carrera 15 # 87 - 86
www.plan.org.co
Bogotá. Colombia

Gabriela Bucher Balcázar (Presidencia)
Eliana Restrepo Chebair (Vicepresidencia Innovación y Conocimiento)
María Alejandra Montoya (Dirección de Implementación Programática)

Coordinación del estudio:
Engels Germán Cortés Trujillo (Asesor Técnico Nacional)

Asesoría técnica de contenidos:
Marcela Henao Álvarez (Asesora Técnica Nacional)
Maribel Riaño Sanabria (Asesora Técnica Nacional)
Viviana Luna Benavides (Oficial de Protección)
Mario Vallejo Murcia (Gerente Unidad de Programas Chocó)

Consultoría
Henry Adolfo Peralta Buriticá (Investigador)

Corrección de estilo:
Marcelo Rivas Quintero

Este estudio pertenece íntegramente a la Fundación Plan en Colombia (www.plan.org.co, miembro de Plan Internacional (https://plan-international.org/). 

 

(SEGUNDA PARTE)

 

SABERES DE ADENTRO EXPRESADOS EN EL DIÁLOGO

9. SABERES EXPRESADOS EN EL CONVERSATORIO:

Esta parte del documento presenta los conocimientos, las experiencias y otras manifestaciones expresadas en el Conversatorio por los “sabedores y sabedoras del mundo de adentro”, según el método ROSA (Recuerdo, Observación, Sueño y Algoritmo) ya explicado en la INTRODUCCIÓN Y METODOLOGÍA. Manteniendo los criterios descritos allí mismo, nos abstenemos de emitir juicios: solo registramos esos saberes.

9.1 SABERES CONTENIDOS EN EL RECUERDO:

Como parte de los saberes contenidos en los recuerdos individuales y colectivos de las comunidades Wounaan con las que trabajamos, el fuego, el aire, el agua y la tierra ofrecen conocimientos muy valiosos para comprender su relación con la naturaleza:

En relación con el elemento fuego: de acuerdo con sus mitos de origen, el cuidado del fuego estaba a cargo de un cocodrilo y luego pasó a los Wounaan, principalmente como fuente de calor. Las autoridades indígenas, cuyos representantes son hombres, reconocen su uso ancestral como un elemento fundamental dentro del rito de la rogativa, en el que piden por sus necesidades y deseos. Éste también se constituye como un elemento de purificación, utilizado principalmente en rituales para cuando las niñas llegan a su pubertad. Además, por siglos ha sido una fuente de energía. 

Una cuestión que nos llamó la atención es que las autoridades masculinas dicen que antiguamente se cocinaba con leña y se usaba brea (proveniente de las colmenas de abejas) para hacer luz, pero las mujeres afirman que ésta es una práctica vigente: de hecho, iniciar y mantener el fuego forma parte de sus responsabilidades domésticas. Para ellas el fuego sirve para cocinar, es muy útil para producir calor, se erige como el elemento central en los rituales de la comunidad, sirve para hervir el agua del río y evitar enfermedades. Sin embargo, sobre esto último ellas mismas anotaron que esta práctica no es común, pues no todos entienden el sentido ni la lógica de “hervir el agua”.

Las mujeres son las únicas personas de la comunidad que cortan, recogen, cargan y almacenan la leña para crear el fuego. Esto es visto por ellas como una obligación y dicen que los hombres no hacen nada en el entorno doméstico. En éste, las cocinas son de leña y están en el interior de las casas, generalmente cerca del combustible. Algunas veces las mujeres no se cercioran de apagar bien la leña y han ocurrido accidentes como el incendio de casas, lo que no es frecuente pero sí reconocido como un riesgo importante. Sin embargo, cuando se ha dado el caso, el evento no se se ha atribuido a la falta de precaución de las personas, sino a seres sobrenaturales que provocan los desastres para castigar a alguien. En momentos como estos es claro que quienes más pueden verse afectadas son las mujeres y las niñas, pues son ellas quienes permanecen más frecuentemente al interior de las casas.  

El fuego también es utilizado por las mujeres para quemar la basura, acción que ellas mismas reconocen como contaminadora del aire. Además advierten que algunas veces los hombres jóvenes se van al bosque a fumar y dejan los cigarrillos encendidos en la tierra, lo que podría ocasionar un incendio. 

Así mismo, la apreciación de las niñas es que el fuego está presente y sirve para cocinar y dar luz en la noche. De igual forma es visto como el elemento principal a utilizar en los rituales y fiestas tradicionales, momentos específicos y excepcionales dónde los hombres cocinan para que las mujeres descansen.  

De nuevo la relación de las mujeres con este elemento se manifiesta en el hecho de que las mujeres prenden el fuego en la mañana para iniciar el día, salen a trabajar la tierra o las artesanías y en la tarde llegan de nuevo a cuidar el fuego y estar al lado del mismo para que la “familia siempre esté unida”. Es éste entonces otro valor simbólico importante de este elemento. Siguiendo esta idea, es la mamá la que enseña a la hija a inciar el fuego, a cuidarlo y mantenerlo como un elemento importante en la casa, lo que forma parte del rol femenino. 

Además, el fuego es visto como un riesgo cuando está cerca del aire, porque crece mucho y las mujeres no lo pueden controlar. Por esta razón, la llama debe ser pequeña y estar en un lugar en el cual no le llegue mucho aire. En este punto contaron el caso de un incendio en una casa producido por un fogón que no fue apagado, en el que no pudieron hacer nada y se perdieron todos los bienes. Aquí, la Alcaldía Municipal los apoyó con un contrato para reconstruir la casa y la comunidad aportó su trabajo para esta tarea.

Este mismo riesgo fue explicado por algunos de los participantes provenientes de comunidades con acceso a energía eléctrica, como que el fuego se produce pues el contador de luz le pasa la energía a la casa, y ésta “se prende”. No obstante, el hecho no se asocia con las malas conexiones eléctricas: de alguna forma asemejan los incendios eléctricos a los causados por velas encendidas sin supervisión adulta, o también cuando se utilizan combustibles y fósforos.

Todo lo anterior pone de manifiesto que al interior de la comunidad se reconoce que el inadecuado manejo del fuego ha traído incendios. Sin embargo, también dicen que en la actualidad se usa mejor el elemento y todos de manera solidaria están pendientes para reducir este problema, principalmente porque las casas vecinas se pueden ver afectadas. Finalmente, los coordinadores de los CMGRD también hacen referencia a incendios en las viviendas, de los que dicen que afectan más a las personas más vulnerables, que para ellos son los niños y las niñas, las mujeres, las personas enfermas y las mayores, pero añaden que ya existe una mayor conciencia y aprendizaje sobre cómo apagar el fuego en caso de presentarse estos incendios. 

En relación con el elemento aire: éste es visto por las mujeres como la fuerza natural que mueve las hojas de los árboles, refresca en momentos de calor y aviva el fuego. Cuando se “pone bravo”, el viento daña las fincas, tumba los árboles y afecta los cultivos, perjudicando la alimentación y la salud de las niñas y niños, hechos que confirman los coordinadores del CMGRD. Además el viento no se puede controlar, pues “son cosas de Dios”, y se mencionó que generalmente estos vientos bravos ocurren de noche y no vienen solos sino que traen aguaceros con ellos, lo que ocasiona un daño en el terreno y en el cultivo.

Las mujeres también reportaron que los vientos traen plaguicidas y tóxicos de fumigaciones que afectan la huerta y la salud, de nuevo en especial de niñas y niños, pero en relación a esto existe la creencia de que estas son enfermedades “ancestrales”. En este punto cabe anotar que en algunos de los territorios de estas comunidades hay cultivos ilegales plantados sin permiso de los Wounaan por actores externos a dichos territorios. Esos cultivos son fumigados desde el aire por las fuerzas gubernamentales y son esas fumigaciones las que afectan a los miembros de la comunidad.

Según la niñas y mujeres Wounaan, el aire da brisa cuando hay mucho calor; refresca a la joven que está encerrada debajo de la tierra (otro mito que explicaremos en el elemento tierra), y mueve las hojas de los árboles para hacer sonidos. Además ayuda a que salgan la Luna y el Sol: cuando hay mucho aire y se está terminando el día, éste se lleva el Sol y trae la Luna, y en la mañana el aire se lleva la Luna y trae el Sol. Dicho elemento de la naturaleza también sirve para que las flautas y otros elementos musicales elaborados por los hombres de la comunidad suenen más o menos duro; el viento ayuda en la elaboración de los alimentos porque “sirve para cocinar”. En palabras de las niñas de la comunidad, el aire es “bonito porque vive arriba en lo azul”. 

En relación con el aire, los hombres Wounaan cuentan que cuando el viento daña una casa, se tarda de uno a dos meses para volver a levantarla. Agregan que ancestralmente las casas eran de techo de paja y piso de chonta (palma barrigona), pero ahora son de madera y techo de Zinc o Eternit, algo que las hace más peligrosas porque el viento se lleva los techos. Justo aquí evidenciamos esa nueva vulnerabilidad en una situación concreta: Buenavista es el asentamiento Wounaan más grande entre las comunidades involucradas en el Conversatorio, y tiene una institución educativa grande, construida recientemente bajo los modelos de construcción occidentales. Algunas semanas antes del Conversatorio un vendaval arrancó las tejas de varios salones, que ahora se inundan con la lluvia y no están disponibles como espacios educativos. La comunidad declara no tener los conocimientos ni los recursos necesarios para solucionar el problema y, hasta la redacción de este documento, la solicitud a las autoridades del Municipio y del Departamento para la reparación no había sido respondida.

Por último, los coordinadores de los CMGRD hablan sobre vendavales y lluvias, especialmente en la parte costera, que es donde habitan preferentemente las comunidades afrodescendientes y ellos mismos. Estos fenómenos azotan las viviendas y destruyen los techos entre dos y tres veces al año, pues los vientos vienen a manera de remolino, llevándose unos o todos los techos de las construcciones. Si bien dicen que alguna gente no amarra bien estos techos, en los casos en los que sí se hace son el salitre y la humedad los que oxidan los amarres, facilitando la acción devastadora del viento. 

También enfatizan que el viento fuerte usualmente viene acompañado de lluvia intensa, por lo general en los meses de agosto, septiembre y octubre, siempre en la madrugada, de 2 a 3 AM. Este un fenómeno peligroso por la caída de cocos y hasta de las palmeras. Frente a esto afirman que: “son fenómenos naturales, nadie puede hacer nada, no escoge estrato social”. Además se produce el taponamiento de los esteros (que son los brazos marítimos y fluviales que facilitan la comunicación mediante botes entre las comunidades) por la caída de árboles, lo cual dificulta la movilidad. Para concluir aclaran que las personas afectadas por estos hechos recurren a las Alcaldías, pero estas no tienen capacidad para responder a todos los casos, y entonces traspasan el problema a la Gobernación y a la UNGRD, las cuales a veces responden y otras no a estas solicitudes. En suma, no existen mecanismos comunitarios para solucionar estos problemas.

En relación con el elemento agua: se recuperó el recuerdo de su mito de origen, que la asocia con la hormiga arriera, la cual es venenosa: durante las crecientes de los ríos estas hormigas abandonan la casa, y ahí su relación con el agua. Para las autoridades indígenas ésta es considerada como el elemento vital para la vida y es fundamental para lavar, bañarse y pescar; sirve como medio para transportar carga y ofrece sustento para hacer cacería de peces en la noche (pues en el día es muy difícil). Los hombres Wounaan explican que la zona sagrada para ellos queda en el Litoral del San Juan, es llamada ‘Sitio de encanto’ y que no se inunda (en lancha rápida queda a 20 minutos del asentamiento, pero normalmente se gastan de 45 minutos a una hora para llegar a ella). Ellos informan que a ésta no puede acceder cualquier persona porque se asusta, hay relámpagos y oscuridad. Los indígenas escuchan ruidos y voces pero no ven a nadie porque hay personas invisibles que son los que manejan los recursos, mientras que los afros y blancos no oyen nada.

Para las mujeres, el agua es la que alimenta la tierra, refresca la sed y es útil en la preparación de los alimentos; permite navegar y obtener del río el alimento diario. Además, para las niñas, ésta sirve para lavar los platos, la ropa, para tomar y preparar alimentos. Ellas dicen bañarse cada vez que sea necesario en el día, con una frecuencia de cuatro veces o más. También concuerdan con sus madres en que el agua sirve como medio de transporte, para subir y bajar alimentos; para ir a trabajar, para poder pescar, para transformar y llevarse las cosas que no sirven, para refrescar y como alimento de la tierra. Es importante resaltar que las niñas ven el agua del río como un espacio de juego y en el cual acompañar a los padres a hacer las labores de la tierra o como un elemento útil en el aprendizaje de labrar las canoas (tarea enseñada por el padre). Para ellas existen dos tipos de agua: la de la tierra y la que cae del cielo, pero esta agua también trae castigos de los dioses: “por eso corre con más o menos fuerza”.

Una diferenciación importante que observamos es que según las autoridades indígenas todas las personas de las comunidades saben nadar, pero esto lo contradicen las mujeres, que afirman que la mayoría de niñas, niños y mujeres de la comunidad no saben hacerlo. Al vivir a la orilla del río el no saber nadar les representa un riesgo, sobre todos si las niñas y los niños juegan allí solos. Por otro lado, recuerdan que a la hora de navegar en los ríos, en caso que la lancha se voltee, lo que ocurre con frecuencia, quienes corren mayores riesgos de morir ahogadas son las niñas y las mujeres. Ellas mismas manifiestan que en el río también habita un “duende” que ahoga a las personas, hombres o mujeres. Al parecer no existe explicación para esto, simplemente ocurre y se le atribuye a esa figura, a la cual también le adjudican las muertes de niñas y niños que han encontrado ahorcados en sus casas. 

Siguiendo con el recuerdo de las mujeres, al subir de nivel el río moja la leña, la cual se guarda debajo de las casas, que en general son palafíticas. Esto las afecta, pues deben repetir la jornada de tala, recolección, carga y acopio. Sumado a eso existe el riesgo de la contaminación por basura, pues aún no tienen la información ni sistemas suficientes para manejar los desechos. Este riesgo se asocia con el agua puesto que estos son depositados en ella, cuya función es la de llevarse lo que no sirve (pero también regresarlo de alguna manera).

Los coordinadores de los CMGRD hacen referencia a las inundaciones como situaciones muy negativas que ocasionan la pérdida de recursos importantes para la comunidad. Los primeros que sufren con ellas son los animales (gallinas y marranos, especialmente). La inundación trae serpientes que se adentran en las casas y las zonas secas; el agua desbocada provoca gran daño ambiental y los animales que se cazan se alejan. Sin embargo, la inundación también puede ser positiva porque trae la oportunidad de bajar la madera de las cabeceras de los ríos y por eso quienes la cortan y transportan están pendientes para aprovechar esto. 

De otro lado, si las inundaciones son súbitas, y peor si coinciden con la Puja (marea alta, casi siempre en la madrugada), los efectos son más negativos. Los coordinadores también recuerdan que sus territorios han sido escenario en el pasado de accidentes marítimos y fluviales, especialmente en época de vientos fuertes: naufragios y ahogamientos que han afectado en su mayoría a las poblaciones afro, las que viajan más frecuentemente por el mar. Pensando en esto, algunas personas se encomiendan a la Virgen del Carmen, que es la virgen de los viajeros. Al respecto, durante una actividad de capacitación del mismo proyecto DIPECHO VIII con participantes afrodescendientes e indígenas, llevado a cabo en las playas de Pizarro, nos enteramos que para la mayoría de indígenas fue la primera vez que salieron al mar, pese a que toda su vida han habitado sobre los ríos que desembocan allí, cercanos a la costa.

Los coordinadores de los CMGRD también hacen referencia a la erosión costera, que “se lleva el territorio”. Esto obliga a que la gente se mueva 100 a 200 metros más adentro de la costa, lo que hace necesaria la reubicación en algunas localidades. Dicen estos coordinadores que entre las amenazas más recurrentes también están los tsunamis, el deterioro de las casas por la humedad y el salitre, así como la contaminación biológica por la presencia de basuras y desechos biológicos en las corrientes de agua, que se manifiesta, entre otras, con brotes en la piel de los habitantes del territorio (en esto coinciden las mujeres Wounaan). Además reportan el Impulso (conocido como Mar de Leva en el Atlántico), que explican como corrientes fuertes que entran y salen por ciclos de minutos, están asociados con las pujas y pueden ahogar personas o llevarse embarcaciones mar adentro.

Precisamente al hablar del mar, los coordinadores de los CMGRD se refieren a la existencia de un volcán: en aguas marítimas de Pizarro (cabecera del Bajo Baudó) reportan la presencia de aguas termales alrededor del Cabo Corrientes, en límites con Nuquí. También, en el Litoral de San Juan, los pescadores dicen que sale humo del mar en algunos esteros, afirman que se ve como aceite en el agua, y que allí “cae” mucho pescado pero a veces se pierden las redes. Todo esto concuerda con la presencia confirmada de otros puntos de brote de aguas termales en diversos lugares de la región. Si bien no es una amenaza en sí misma, esta manifestación geológica es asociada por los pobladores con la probable presencia de un volcán dormido, lo que sí les parece amenazante, a pesar de que los estudios geológicos no reportan la presencia de volcanes en la zona. 

En cuanto al cambio climático, los mismos coordinadores lo definen como producto del comportamiento humano, pero lo ven como algo que se da sobre todo en el interior del país, donde se le hace más daño a la naturaleza. Entienden la variabilidad climática como un fenómeno a considerar, por ejemplo la diferencia entre el Fenómeno del Niño: sequía – no navegabilidad fluvial, y el Fenómeno de la Niña: inundaciones – palizada que ensucia el río (árboles y restos de madera en él) y que aleja los peces a recoger (teniendo en consideración que la pesca es por temporada). Es relevante el hecho de que las consecuencias de esta variabilidad las sufren más los niños y las niñas, con muertes y enfermedades como principales resultados. Por ejemplo, dicen que La Niña, entre el 2010 y el 2011 dejó dos niños ahogados, hubo inundación durante 20 días seguidos (normalmente el agua baja el mismo día), enfermedades y más zancudos que las producen. Por supuesto que las consecuencias también las sufren hombres y mujeres; la gente tiene poco pero igual le duele si lo pierde: media hectárea de cultivo es la esperanza de mejoría económica y su daño o pérdida afecta el nivel social, económico y psicológico de las personas. De igual manera se ve afectada la cotidianidad de la comunidad, como en lo referente a la educación, pues las clases deben interrumpirse, así como los momentos de recreación de los niños y niñas. De este modo se vislumbra la conciencia de un impacto diferencial por ciclo vital y por sexo, en cuanto al cambio y variabilidad climática.

Adicionalmente, los coordinadores de los CMGRD plantean que a las comunidades indígenas se les dificulta salir a las bocanas (la desembocadura de los ríos al mar). Dicen que en la costa los hombres y las mujeres afro saben nadar, pero los indígenas, sobre todo los hombres, saben nadar más que todo en los ríos, y el agua de mar es mucho más pesada por ser salada y más agitada, lo cual presenta un riesgo añadido. Comentan el caso particular en el que una puja que se presenta en el río crecido (es decir, la conjunción de dos fenómenos simultáneos de subida del nivel del agua) ha generado afectaciones en Unión Balsalito, porque el río puede subir hasta 1,2 metros durante ésta y en las quebradas hasta los 2 metros en creciente. Normalmente los cultivos se inundan con la puja, pero como el agua vuelve a bajar rápido, no hay mayor pérdida, mas el problema se presenta cuando se queda porque hay invierno (La Niña) o creciente, y ahí sí daña los cultivos. Pero, de nuevo, lo que para los agricultores (usualmente mujeres) y para el grueso de la población es un problema por la afectación de los cultivos y porque las inundaciones traen enfermedades, para los pescadores, que son los hombres de las mismas comunidades, es una oportunidad, puesto que con la puja es más fácil pescar con el trasmallo y a la larga ese beneficio cubre a la comunidad, por la mejor disponibilidad de proteínas para todos.

En relación con el elemento tierra: las autoridades de las comunidades consultadas la consideran como su madre, es el lugar donde todas las personas vivimos, de ella depende la vida y nos proporciona el alimento. Para ellos es clara la existencia de un orden de la madre tierra y sus límites geográficos y es así como el territorio forma parte de la tierra, donde históricamente han habitado. 

Como parte de este territorio, los Wounaan reconocen la existencia de dos sitios sagrados: el de la creación y el de la crianza. Sin embargo consideran la existencia de otros sitios que son sagrados para la cacería (zonas de reserva de alimento), donde viven los ancestros y los espíritus, el cementerio y los lugares de ritualidad. También hacen referencia al mito de su creación, que está asociado con un diluvio, que escogió a los buenos para no hacerles daño y a los malos los convirtió en animales. Según esta cosmovisión, fueron “criados” (sic) en el Bajo Baudó por Wandan y este mito tiene una estrecha relación con otro que cuenta que una ola llegó hace muchos años a la Tierra y creó a los indígenas Wounaan, también en el Bajo Baudó. 

Los Wounaan se cuidan de vaciar agua caliente sobre la tierra, pues piensan que si lo hacen podrían despertar a una niña que yace sepultada y se encuentra acostada: despertarla generaría un terremoto. Por eso las niñas Wounaan sostienen que la tierra tiembla cuando “se mueve una mujer que está debajo para acomodarse o porque le hacen algo”. Al ser interrogadas sobre esta niña la respuesta fue: “es una adolescente que sus papás no la encerraron los dos días al inicio de la menstruación, entonces por castigo de los dioses a ella se la comió la tierra y quedo debajo sufriendo. Cuando se echa agua caliente se la golpea, se maltrata la tierra, ella se siente y se mueve como señal de protesta. La otra forma es cuando no se le hacen rituales, se acomoda y hace temblar la tierra”.

Además, para las niñas Wounaan la tierra sirve para construir los tambos, que son las casas ceremoniales que se preparan para afrontar cualquier peligro que se pueda presentar en el entorno natural. Este elemento es también un espacio para sembrar y poder “coger” los alimentos; es donde habitan los árboles que tienen animales que sirven para la cacería, como insumo para la alimentación, y dónde las mujeres adultas cargan el fruto del trabajo.  

Para las mujeres Wounaan la tierra permite sembrar y obtener alimentos, es trabajada por los hombres y por las mujeres: “se planta yuca, plátano, papa china, piña, lulo, banano”. En ella se producen las semillas para hacer adornos en el cuerpo (haciendo referencia a la jagua) y que sirven para la elaboración de artesanías. También es el lugar donde se soporta el fuego. De igual forma, asocian este elemento con temblores y deslizamientos. No saben muy bien por qué ocurren, pero algunas creencias dicen que es un llamado de los ancestros para no perder las tradiciones (los hombres jóvenes no quieren trabajar la tierra, se preocupan más por el dinero y la ropa, por ejemplo). Ellas afirman que una manera tradicional de evitar los desastres es orar a Dios.

Como es común el reporte de los deslizamientos como un riesgo inmanente a la tierra, una solución a estos es enseñar a la comunidad a construir sólo en lugares planos. Así también, actualmente en el terreno del colegio de Buenavista se están sembrando árboles de raíces profundas para que la tierra se “agarre” mejor. Esta actividad es liderada por una profesora y seguida por toda la comunidad que percibe que el territorio del colegio presenta otro gran riesgo, que son las escaleras que toca pasar para llegar y salir de él. En caso de una emergencia, dicen, correr o incluso caminar por allí puede provocar accidentes, especialmente cuando la escalera está mojada.

Los Coordinadores de los CMGRD sí reportan los sismos y tsunamis como amenazas potenciales. Por un lado, ellos han estado más expuestos a las informaciones al respecto por parte del Sistema Nacional de GRD; por el otro, las poblaciones afro tienden a habitar en las zonas costeras que están más expuestas a los tsunamis. Además, los métodos y materiales de construcción que utilizan las poblaciones afro son mucho más cercanos a los convencionales y por tanto más vulnerables ante los sismos.

9.2 SABERES CONTENIDOS EN LA OBSERVACIÓN:

Los diversos actores de las comunidades Wounaan generalmente reconocen que los cuatro elementos -fuego, aire, agua, tierra- dan diversas señales que sirven como mecanismos de alerta para preavisar sobre acontecimientos que pueden poner en peligro tanto la vida y los bienes de la población, como también traer beneficios para el territorio y las diversas personas que allí habitan.

En relación con el elemento aire: para las autoridades Wounaan, el aire es un símbolo de vida de carácter ancestral, que viene de la mano con el relámpago. Es el que atrae el olor del animal y permite la cacería y representado en el viento ayuda a que la marea suba, pudiéndose diferenciar por su fuerza diversos tipos de viento; además se constituye en un medio de orientación para saber cuándo hacer las quemas para preparar la tierra a cultivar (en épocas de verano el viento sopla hacia el oriente y en inverno hacia al occidente); también potencia el sano esparcimiento de la comunidad al posibilitar elevar cometas. Sin embargo estos beneficios encuentran su contrapunto en los efectos que traen las fumigaciones que lo contaminan, hecho que se manifiesta en enfermedades (sobre todo con vómitos y diarreas) principalmente en la población infantil, y en la destrucción de los cultivos. También sirve para que la jagua (pintura tradicional extraída de una semilla disuelta en agua) seque y aparezca la fuerza del color. 

El viento es usado para avivar el fuego y es en dónde los pájaros tienen la posibilidad de vivir y poder ir de un lado al otro. Los Wounaan comentan que en el cielo hay unas estrellas que se mueven por el aire y que cuando se queman basuras éste “huele feo” y no se puede respirar.  En el aire aparecen los truenos que suenan “bum” y salen por castigo, muestran luces y hacen fuego en las casas, algo que ocurre cuando no se hace caso a los sabios. El viento es visto como un riesgo cuando es muy fuerte en las noches y se lleva los techos de las casas y de la escuela: “se enoja, se lleva la ropa”.

Los coordinadores de CMGRD reconocen que ancestralmente el viento da señales a los pescadores. En Docordó los pescadores ven y escuchan el mar y los árboles: si se mueven con cierta intensidad hay demasiado viento para salir a pescar, y entonces es peligroso. 

En relación con el elemento agua: las autoridades Wounaan consultadas relacionan el agua principalmente con las inundaciones, que ven como acontecimientos buenos y malos para la comunidad: de nuevo encontramos que las crecientes normales mejoran la pesca y proveen reservas de peces, pero si esas mismas crecientes son grandes y duraderas ocasionan daños en los cultivos y las viviendas. En este caso también traen enfermedades (diarrea, gripa, entre otras) por las aguas estancadas y las basuras acumuladas, potencian la aparición de animales y serpientes que ponen en peligro la integridad de los habitantes, en especial a la población infantil, las mujeres en estado de embarazo y los adultos mayores. 

Las crecientes rápidas están asociadas principalmente a las quebradas pequeñas que arrastran piedras y las crecientes lentas a los ríos de menor pendiente en planicies aluviales, que traen barro. Esto es importante pues ese barro aporta nutrientes a la tierra, mejorando las cosechas. Por eso es que las comunidades prefieren sembrar en esas planicies, pese al riesgo de inundación sostenida y la eventual pérdida de algunas de esas cosechas.

Para las niñas Wounaan, cuando los dioses se enojan mandan mucha agua por la tierra y por el cielo, con sonidos muy duros y con mucha fuerza. El agua es también la vía más rápida para llevar la comida, las personas y los mensajes para otras comunidades, pero cuando el río sube mucho moja la leña que está debajo de la casa y toca salir a conseguirla de nuevo.

Las nubes, los truenos y la lluvia son señales de alerta de crecientes en el territorio Wounaan, las cuales pueden ser previstas a través de la lectura de una serie de bioindicadores como los insectos que cambian de comportamiento o aparecen ocasionalmente: en especial la anteriormente mencionada hormiga arriera, la cual en crecientes inminentes sale de la casa. El canto de los pájaros también se constituye en una señal de preaviso de la naturaleza de que algo va a suceder y es tenido en cuenta por los habitantes. Sin embargo, los representantes de la comunidad reconocen que en las últimas décadas el clima ha cambiado, por lo que ya no es tan predecible saber cuándo va a llover. Destacan también cómo el uso de los motores fuera de borda para la navegación en ríos y esteros está generando problemas ambientales como el ruido y la contaminación de las aguas por aceites y combustibles.

Finalmente, como medidas de reducción de riesgos frente a las inundaciones, los Wounaan hacen rotación de parcelas y forma de siembra. 

En relación con el elemento tierra: para las niñas Wounaan la tierra no tiene sonidos, huele rico cuando se moja y avisa que las semillas plantadas están dando frutos. Es donde se pueden ubicar los lugares sagrados (cementerios en donde están sepultados los ancestros) y donde se ven los Jais, que son los espíritus que cuidan el territorio; también en donde se hacen rogativas. 

Se dice que existen animales que dan señales y mensajes de la naturaleza: si un insecto (Kundumia) aparece en manada, va a haber creciente. Cuando los sapos cantan, habrá fuerte verano. Si el pájaro Huaco canta, alguien va a fallecer. Esta creencia es compartida por indígenas y afros, pero en algunos lugares como Bahía Solano, al norte de los territorios Wounaan, también puede significar que alguien va a nacer. Así, el mismo evento puede ser positivo o negativo.

9.3 SABERES CONTENIDOS EN EL SUEÑO:

Para conectarse con la dimensión espiritual de su cultura ancestral, los Wounaan realizan rituales a través del uso de plantas para generar un sueño inducido. Estos son rituales de rogativas, que pueden ser de pedimento o de pagamento y son realizados por los mayores, los sabios y el Wandan (escogido). Los rituales se utilizan como una medida de prevención, por lo general para pedir que no pase nada. Como parte del ritual, los integrantes usan pinturas y adornos corporales (se tiene una reglamentación clara para esto): por ejemplo, en las rogativas las mujeres tocan las champitas (instrumento fabricado de un árbol) y los hombres los carrizos. Este conocimiento de la ritualidad pasa de generación en generación a través de la tradición oral y para su realización se hace uso de un espacio físico denominado ‘Casa de rogativa’.

Los sueños cotidianos de la gente son leídos por los mayores para tomar medidas de prevención. Por medio del sueño estos dicen si deben o no embarcarse en el río. De la misma manera, el sueño inducido para tener contacto con la espiritualidad (“las cuatro almas”), preavisa que va a pasar algo. Aquí los Jaibanás juegan un papel muy importante, porque ellos comunican los acontecimientos futuros para tomar las medidas del caso. 

En el conversatorio surgió que en la cultura Wounaan existen dos tipos de médicos tradicionales, el que cura (maneja el desastre) y el que previene (reduce el riesgo). Las personas tienen 4 almas: 2 bajas y 2 altas. Si alguien se enferma es porque alguna de las almas se fue y si está ‘privada’ es porque las almas altas se van, entonces el médico tradicional debe traerlas otra vez. Las dos almas cortas son las escoltas porque se quedan siempre; si se van las cuatro, la persona fallece.

9.4 SABERES CONTENIDOS EN EL ALGORITMO:

Aquí se describen los saberes contenidos en la cartografía social para el reconocimiento del territorio como un elemento desde el “mundo de afuera”. Dicha cartografía permite graficar la realidad del territorio especificada en un mapa con diversos niveles de detalle. En éste se recogen y se espacializan las percepciones de las comunidades sobre su territorio, las cuales hacen parte de su memoria, rituales y señales de identidad territorial.

La cartografía, como parte del “algoritmo” que el “mundo de afuera” utiliza para ubicar, reconocer y valorar espacialmente los elementos en el territorio del “mundo de adentro”, permite establecer un puente de diálogo entre ambos mundos. Ésta, mediante una lectura del texto (contenido en la oralidad de los saberes comunitarios sobre su territorio) y el contexto (lo gráfico como una representación de la realidad), es un elemento que posibilita un acercamiento a la comprensión y el conocimiento de los elementos en riesgo (inventarios). Así mismo, el acercamiento a las problemáticas del territorio asociadas a la producción, acumulación y manejo del riesgo por parte de los actores que tienen injerencia en él. 

Los saberes contenidos en el algoritmo del mapa permiten conocer y reconocer la existencia de tres escalas de observación: municipal, de resguardo y comunal, que sin perder sus particularidades se complementan las unas con las otras; posibilitan construir e integrar una visión conjunta del territorio, establecer las responsabilidades de las autoridades en sus distintos niveles de gobierno, así como el papel de las comunidades en relación con la GRD en su territorio, para pasar de un riesgo compartido a un valor compartido mediante la  identificación de las ofertas, restricciones y amenazas territoriales. Todos estos saberes contenidos en el artificio técnico de un mapa, como una aproximación a la realidad y el inventario de recursos de un territorio, son insumos fundamentales para la toma de decisiones en la reducción de los riesgos de manera anticipada, y para el manejo de desastres por si estos se presentan.

9.4.1 Saberes a escala municipal:

Las lecturas cartográficas que sustentan los saberes contenidos a una escala municipal, obtenidas de los coordinadores de CMGRD de los municipios del Bajo Baudó y el Litoral de San Juan, indican principalmente la localización general de los centros poblados en relación con las bocanas, ríos, esteros y costas, diferenciada por etnias; así como la ubicación de las áreas afectadas en el pasado por eventos de origen natural, que para el caso del Bajo Baudó se relacionan principalmente con inundaciones fluviales por puja y la erosión costera como fenómeno secundario. Se hace también referencia a lugares con exposición alta a estos fenómenos y la necesidad de adelantar acciones de reubicación, principalmente de las comunidades de Sivirú y Punta Igua.

De la misma manera se identifican peligros pasados y potenciales como vendavales, lluvias, incendios, sismos, tsunamis, accidentes marítimos y aéreos.  Se destaca que la concreción de estos fenómenos por lo general afecta principalmente a la población infantil, quedando expuesta a enfermedades y muchas veces a no poder asistir a la escuela. También manifiestan la no participación de las comunidades indígenas y afrocolombianas en los CMGRD, así como la necesidad de aclarar las rutas de intervención para la GRD en relación con la Ley 1523 de 2012 para hacer más eficiente el proceso. Esto implica un mejor relacionamiento entre la institucionalidad del Estado Central con la regional y municipal, que fortalezca lo técnico y lo financiero para dar aplicabilidad a la GRD.

9.4.2 Saberes a escala de Resguardo:

Los saberes que emergieron de la lectura cartográfica de las autoridades indígenas a nivel de los Resguardos de Bellavista y Unión Balsalito, en primera instancia hicieron referencia a su localización espacial con respecto al municipio y las características geográficas del territorio que ocupan. Se identifica también la ocurrencia de los fenómenos naturales potencialmente peligrosos, los cuales se relacionan con cada uno de los cuatro elementos: fuego, incendios; aire, vientos fuertes; agua, crecientes; tierra, sismos y deslizamientos. Es relevante nombrar aquí el fenómeno de la contaminación, presente en los cuatro elementos de forma distinta pero persistente. Se destaca que no todos los fenómenos naturales son negativos: las inundaciones también traen beneficios porque los peces llegan en las crecientes a áreas cercanas a la población, por lo que se potencia la pesca; y la subida de las aguas se aprovecha para transportar la madera a los mercados.

9.4.3 Saberes a escala comunal:

Los saberes contenidos en la lectura cartográfica que realizaron las mujeres, las niñas y los niños a nivel comunal presentan un grado mayor de detalle en relación con los elementos que componen su comunidad, principalmente en términos ambientales (físico-naturales), socioculturales y económico-productivos. 

En primera medida, desde una dimensión ambiental (físico-natural), las mujeres localizan los sitios de llegada a la comunidad, así como las instalaciones comunitarias más importantes (la calle principal, el centro de salud, el colegio, la planta de energía, el lugar de recreación) y las casas construidas en madera. Los jóvenes también expusieron que las casas son de madera, los hombres aclararon que son palafíticas y que los materiales de construcción utilizados “han mejorado con el tiempo" porque se usan clavos y tejas que ha remplazado a los materiales de tipo vegetal utilizados con anterioridad (pese a que la utilización de materiales nuevos para ellos están generando riesgos que antes no existían). Las viviendas se componen de una o dos habitaciones y en uno de estos espacios se cocina con fuego. Sin embargo, mientras los hombres tienden a no reconocer el riesgo implícito de esta práctica, las mujeres sí lo mencionaron.

Por su parte las niñas presentan la localización de los sitios donde más tiempo pasan y tienen mayor importancia: el colegio (sitio de enseñanza), las escaleras que llevan a él, la casa de las profesoras, el lugar donde se celebran las fiestas, la cancha y el parque donde se conversa (sitios de recreación), la casa del Gobernador de la comunidad (sitio de la autoridad). Así mismo, los lugares de actividades cotidianas: la casa donde se vive, el río donde lavan y se bañan. También la ubicación de las partes altas (lomas) y la de los animales; se localizan los barrios que han sido afectados por eventos naturales en el pasado (zonas de casas inundadas o afectadas por vendavales). 

Ellas destacan que los fuertes aguaceros generan mucha angustia en la comunidad por la cantidad de agua que cae, la cual puede producir crecientes que erosionan las riberas de los ríos y resultar en inundaciones, que en la comunidad de Unión Balsalito pueden llegar hasta los 50 cm de altura en las áreas pobladas, y entre dos a tres metros en las áreas de cultivo. 

En relación con la ocurrencia de incendios, las niñas identifican dos fuentes: una asociada a la caída de rayos que pueden generar cortos circuitos y la otra al peligro que el inadecuado manejo de la corriente eléctrica en las casas representa al ocasionar dichos incendios.

Los diversos representantes de la comunidad referencian también las enfermedades producto de la contaminación de las basuras (se hace mención a la necesidad de su recolección y algunas comunidades identifican puntos de disposición) y asociadas a aguas estancadas por inundaciones. Además se resaltan amenazas asociadas a la picadura de serpientes y otros animales (las niñas en particular ven al tigre y al mono como animales que pueden llegar a “morder” con dedos y boca). También es importante la consideración de los derrumbes, de las viviendas cercanas a áreas inundables, de las zonas de ocurrencia de vientos fuertes y la caída de rayos. 

Desde lo cultural se destacan y reconocen las actividades cotidianas como el uso de fogones para sacar mieles, sobre los cuales gira la vida de la comunidad; también la realización de rituales en el tambo (casa de ruego o sitio sagrado donde se pide a Dios). De la misma manera se ubica el sitio sagrado donde se cazan animales (el armadillo y el oso).

Así mismo, se resalta la organización comunitaria para conversar sobre temas prioritarios como prevenir enfermedades como la diarrea, mediante el mejoramiento del manejo del agua. Además, la organización comunitaria para alertar sobre la ocurrencia de fenómenos inminentes. Al respecto, la comunidad tiene identificadas partes altas hacia donde evacuar en caso de que ocurra alguna situación riesgosa. La orden de evacuación se activa con el sonido de las campanas y en ella salen primero las mujeres, con los niños, las niñas y los adultos mayores; los hombres se quedan custodiando que salgan todos. Sobre esto, el Gobernador de Unión Balsalito hace referencia a la existencia de un camino que conduce a un albergue (ruta de evacuación). Un profesor relata que ordenan la evacuación con un pito, y que los niños y las niñas más pequeños de la escuela evacúan primero. Las personas con alguna discapacidad evacúan más despacio por sí mismos, sin recibir ninguna ayuda especial.

En general se reconoce que la población ha sido capacitada para el manejo de estos eventos por la Fundación Plan y Save The Children, en otras épocas. Con Save The Children se construyó un sistema de alerta temprana frente a inundaciones, para lo cual se realizaron simulacros de evacuaciones e identificaron puntos de encuentro.

Finalmente, se tiene que la población infantil recrea y juega a la inundación. Aquí se destaca el papel de la mujer en el cuidado de los niños, las niñas y la familia y se resalta el tema de los duendes que matan a los niños y las niñas cuando se quedan solos.

Desde el punto de vista económico-productivo, los niños, las niñas y las mujeres identifican en la cartografía con mayor grado de detalle, y como elementos clave para la vida de la comunidad, los medios de sustento relacionados con el uso del río y la siembra de cultivos como banano, plátano, papa china, maíz, piña, caña, yuca y palma de coco. 

Las actividades productivas son principalmente de extracción de recursos naturales como madera y cultivos agrícolas. Los cultivos que parecen ser de tipo pancoger, sobre todo para autoconsumo, son el plátano, la yuca, la caña (de la cual hacen panela y miel) y la papa china. Se pesca en los ríos y la cacería (de guatines, guaguas y venados) se hace usando lanzas y perros con algún adiestramiento. 

Se identificó que en una de las comunidades se realizan algunas prácticas de separación de residuos sólidos inórganicos y que hacen lo posible para no arrojarlos al río, para lo que cuentan con un sitio para depositarlos. Se separan los residuos orgánicos “que sirven para abono” y los utilizan para sembrar, conocimiento que obtuvieron mediante capacitaciones con la FAO. Estos residuos se almacenan en canastos o baldes para llevar a las fincas; las áreas cultivadas no están junto a las viviendas, lo que implica que los hombres y las mujeres se desplacen en sus embarcaciones para ir a los cultivos. En este punto se observa una mayor atención sobre estas actividades por parte de los hombres y los adolescentes. 

También se dan relaciones comerciales de venta de productos: se venden los excedentes de los cultivos a las comunidades afro, las mujeres venden artesanías y con ese dinero compran comida, sus parumas y las ollas que necesitan.

Los adolescentes exponen que en la comunidad de Buenavista han sucedido inundaciones. Reiteran que suceden cuando llueve mucho y que son algo malo porque afecta a los animales y los cultivos. Ellos dicen que los adultos les han enseñado que para evitar que esto pase es necesario rogar a Dios para que no suceda, y que el hecho es un castigo. Para reducir el riesgo de la inundación, la comunidad coloca balsos junto a las casas para evitar que estás se vean afectadas. De igual manera, los niños y los adolescentes expusieron que las inundaciones también se deben a que la gente arroja basuras y animales muertos a los ríos, lo que afecta a los habitantes. En general las inundaciones no logran afectar las casas, pero con ellas sí vienen las enfermedades. 

Mientras que los niños definen con un mayor nivel de detalle los medios de producción y los sitios sagrados, que para ellos corresponden al cementerio, el ‘Sitio de encanto’ y la reserva, la mayoría de prácticas descritas por los adolescentes estuvieron relacionadas con actividades de subsistencia que realizan en el día a día dentro de sus comunidades.

Se hizo evidente que en los cultivos trabajan hombres y mujeres, que enseñan a sembrar especialmente a los hijos hombres (siempre según lo dicho por la comunidad). Las madres, por su parte, enseñan a las hijas la elaboración de artesanías. Así, desde los 16 años un niño ya debe tener la capacidad de hacer todas las labores, y las niñas desde los 13 aprenden sus obligaciones. Diferenciadamente, la asistencia y permanencia en las instituciones educativas es mayor en los niños que en las niñas.

El territorio de las mujeres es aquel que está cercano a su vivienda, a las niñas, niños y a la huerta. En la cartografía se identifica con facilidad que ellas se encargan de las labores de cuidado y educación de las personas y en su territorio confluyen los cuatro elementos, con sus beneficios y riesgos. Para las mujeres, éste es el lugar en el cual se juega, se estudia, se busca alimento, se honra a los ancestros. Su territorio está ligado a su vida y el sentido de ésta y muchas de ellas nunca han salido de allí. Sobre ello hubo alguna mención a que una mujer no puede ir a pescar sola, mientras los hombres pueden ir solos a las actividades agrícolas y de cacería.  

Para las niñas el territorio tiene como base lo enseñado y vivido por los ancestros, que les ayuda a construir y mantener una clara proyección sobre su rol. Ellas identifican espacios públicos como canchas de juego (fútbol, voleibol) y los centros de atención integral provistos en algunas comunidades por el Estado. Identifican también los tambos de las autoridades tradicionales y de los gobernadores, el río, los lugares sagrados, la biblioteca, la casa de elaboración de artesanías, los parques y el quiosco de Internet, que son espacios de cuidado y protección en donde confluyen los cuatro elementos. En el territorio se cuida, se honra, se juega, se cultiva, se busca alimento, acciones todas estas ligadas a él, que le dan sentido y pertenencia.   

Cada comunidad presenta un territorio delimitado por el de otras comunidades indígenas o afro. Los adolescentes explicaron que Puerto Piña y Buenavista eran una sola comunidad que se separó por dificultades. Al interior de cada población las nuevas viviendas que se construyen son producto de los matrimonios celebrados y en los cabildos se concreta su lugar de construcción: se tiene un patrón específico de localización de las viviendas a lo largo de una vía que hace las veces de eje, como se apreció en las cartografías realizadas por los jóvenes. El tambo en los asentamientos y el sitio sagrado en las afueras, son dos lugares de importante significación dentro de los territorios de estas comunidades, pues son los sitios donde se realizan los ritos, se ruega y se pinta. También se expuso que para una de las comunidades hay abastecimiento de acueducto; el agua a veces es hervida o se utiliza para lavar ropa (labor que realizan las mujeres), en tanto que las necesidades fisiológicas son hechas en el río.

Para finalizar, los adolescentes y las mujeres adultas plantean que la participación de la mujer en actividades de los Cabildos es poca. Persiste aun la división de roles en cuanto al espacio (el público es para los hombres, el privado es el dominio de las mujeres), y pese a que los mecanismos de participación señalan que hay igualdad de oportunidades para hombres y mujeres a la hora de hacer parte del Cabildo, la exclusión de las mujeres de este espacio político se debe a la creencia masculina acerca de las pocas capacidades de ellas. Este hecho las deja sin posibilidad alguna de participación real, aunque ellos argumenten que “a ellas no les gusta hacerlo”. No obstante, actualmente hay algunas comunidades Wounaan en las cuales se han constituido organizaciones de mujeres con el fin de aumentar y fortalecer su participación política.  

 

INTERPRETACIÓN Y RECOMENDACIONES

Durante el Conversatorio nos abstuvimos de hacer cualquier interpretación de la información compartida por los “sabedores y sabedoras del mundo de adentro” sobre lo que conciben como amenazas, vulnerabilidades, riesgos y acciones para mitigarlos y responder ante ellos, para no contaminar esa información con nuestras visiones “de afuera”. Simplemente la registramos tal cual la percibimos en el aparte llamado SABERES DE ADENTRO EXPRESADOS EN EL DIÁLOGO, para su posterior organización y análisis, que es lo que hacemos en este parágrafo, explorando los puntos de encuentro y desencuentro entre los saberes de adentro y de afuera alrededor de la GRD.

Por eso ahora sí presentamos nuestras interpretaciones, que dan origen a una sección posterior con el nombre de RECOMENDACIONES en la que se proponen alternativas de acción para optimizar los procesos de GRD en las comunidades Wounaan participantes en esta actividad.

10. SABERES EXPRESADOS EN ROSA Y SU RELACIÓN CON LOS ELEMENTOS DE LA NATURALEZA:

- Los cuatro elementos de la naturaleza tienen un valor fundamental en la vida de las personas y de las comunidades, y su relación con ellos está dada desde las manifestaciones, los usos y los beneficios de estos; pero para las y los Wounaan también es fundamental la negociación con los espíritus y el designio del destino en la relación con los cuatro elementos. 

- En la naturaleza hay de todo: alimento, medicinas, artesanías y música. La naturaleza es su forma de subsistir, de vivir, de construir su vivienda, es donde inicia su cultura; es el espacio que tiene vida. 

- La armonía con la naturaleza es enseñada por los ancestros, quienes con su sabiduría integran los saberes y prácticas encaminadas a preservar la vida y la madre tierra. Pero esa armonía se está perdiendo por el desapego gradual de las nuevas generaciones a las costumbres ancestrales y la adopción de prácticas “de afuera”, particularmente el ánimo de lucro y la explotación de los recursos naturales sin planeación, control ni renovación. 

- El control espiritual y simbólico de los elementos está otorgado a personas adultas, especialmente a los hombres que establecen comunicación con los dioses. Así, son ellos quienes tienen la posibilidad de transformar los elementos, multiplicarlos, neutralizarlos y enseñar a las personas más pequeñas a tener acceso a los mismos. Pero esta negociación se desarrolla sobre todo en los planos espiritual y simbólico, con pocas expresiones prácticas para identificar y gestionar los riesgos que afectan su entorno y su calidad de vida. 

- Las mujeres se sienten cercanas a los elementos, los manejan en la vida doméstica y los reconocen como esenciales para la vida, pero no sienten que tengan el control sobre ellos. Por eso atribuyen las catástrofes a lo sobrenatural, sin conciencia de que ellas también participan en su generación, mitigación, y respuesta; no cuentan con estrategias que les permitan ampliar el reconocimiento de los riesgos a los que están expuestas, ni sus propias capacidades para gestionarlos. 

- Algo parecido ocurre en la conversación con las niñas, quienes reconocen los cuatros elementos, en los que centran el inicio de la vida y la posibilidad de sobrevivir. En ellas también se observa un fuerte sentido religioso, enseñado por sus ancestros, con la connotación de que los desastres ocurren por “un castigo de la naturaleza, por algo malo que se hizo, por desacatar las costumbres ancestrales, un desastre no se puede controlar y acaba con todo”. En todo caso, al parecer son y se sienten excluidas de cualquier locus de control en la GRD. 

- Las actividades de subsistencia están muy presentes en lo expuesto por los adolescentes, como reportaron en la exploración hecha sobre la mayoría de temas abordados. 

- Las y los jóvenes consideran que es necesaria la capacitación y preparación para no sufrir afectaciones por los eventos peligrosos. 

- Los hombres Wounaan comparten la importancia de los elementos en su vida diaria, pero por sus actividades productivas y de subsistencia (cacería, pesca, extracción de madera, quema del bosque para los cultivos, etc.), son quienes impactan más el territorio y producen más amenazas y vulnerabilidades. 

- No obstante, estos mismos hombres también tienden a atribuir esas amenazas y vulnerabilidades a locus externos (espirituales, gubernamentales, otras personas, otros pueblos): “ya no hay cacería (o pesca)”, si bien después reconocen que han sobreexplotado estos recursos; “no se consiguen más cedros”, sin mencionar que los han talado sistemáticamente sin control alguno ni iniciativas de resiembra; “la inundación acabó con los cultivos”, a sabiendas de que sembraron en las planicies aluviales, que sí les ofrecen mejores suelos y cosechas por los limos y demás material orgánico que traen las mismas inundaciones, pero que saben que periódicamente se inundan, a veces violentamente. Como en la mayoría de sociedades modernas, los hombres no relacionan mucho sus acciones -que desequilibran el medio ambiente- con las consecuencias de esos desequilibrios -que terminan convirtiéndose en emergencias y desastres-, y desplazan su responsabilidad al respecto a otros (Dioses, la naturaleza, el Estado, otras personas). 

- También sobre el equilibrio y la sostenibilidad de su relación con el territorio, que fue exitosa por tanto tiempo, aparte de la ya mencionada pérdida paulatina de la armonía con la naturaleza, otra variable parece estar ayudando a desequilibrar la balanza: los programas de vacunación, valoración, apoyo nutricional y otras acciones sanitarias provenientes del mundo de afuera sí han disminuido la morbilidad y la mortalidad de los Wounaan, aunque todavía no tanto como en otras regiones de Colombia. El caso es que este resultado, que por supuesto es bienvenido y deseable, también ha provocado que el mismo territorio soporte cada vez más población, demandante de más recursos y que ejerce mayor presión sobre los mismos, sin ajustes para hacer más sostenible la relación de las personas con el medio ambiente que habitan. Así los desequilibrios tienden a acelerarse y agudizarse. 

- Para los Coordinadores de los CMGRD de ambos municipios, la gente conoce de “fenómenos” pero desconoce de prevención y mitigación de estos; incluso las autoridades mismas van aprendiendo sobre la marcha. 

- En conexión con el punto anterior, tras cientos o miles de años de habitar el territorio, las comunidades Wounaan tienen perfectamente claro cuáles son las zonas más seguras frente a las inundaciones, que es el fenómeno que más les afecta. De hecho, esas son las zonas designadas como sagradas y de reserva para la cacería. 

- Los territorios Wounaan están en las zonas de mayor nivel de amenaza sísmica en el país, de acuerdo con todos los estudios formales. Allí tiembla con mayor frecuencia y magnitud que en el resto de Colombia. Pero, aparte del mito de la niña-mujer enterrada, ni las niñas, ni los niños, ni las mujeres ni los hombres Wounaan reportan los sismos como una amenaza para su seguridad y bienestar. Es más, ni siquiera los mencionan si no se les pregunta por ellos. Sí los sienten, y de hecho sus mitos (como el nombrado) explican su origen, pero no les causan mayores problemas. Visitando las comunidades, creemos entender el porqué: la mayoría de sus construcciones son de materiales vegetales, livianos y flexibles, que toleran muy bien las sacudidas sísmicas. Muy probablemente esta es una adaptación cultural exitosa para esta amenaza en específico, que definitivamente redujo la vulnerabilidad y fortaleció la resiliencia de los Wounaan frente a los sismos. No obstante, esta ventaja puede comenzar a verse en entredicho por la irrupción y los métodos de materiales de construcción occidentales comunes en el resto del país (ladrillos, cemento, entre otros). Estos, además de costosos y menos amigables con el ambiente, están siendo utilizados sin respetar las mismas normas colombianas de sismo-resistencia, pero son popular y hasta institucionalmente considerados como indicador de mejor calidad de vida. Así, su uso ya comienza a verse en las comunidades indígenas, introduciendo riesgos significativos que antes no existían, ante los frecuentes y probablemente fuertes sismos que afectan la región. Se puede estar construyendo un nuevo riesgo en su territorio.

- Esos materiales y métodos occidentales que facilitan la construcción de edificaciones ofrecen ventajas sanitarias y crean percepción de estatus y desarrollo, pero también generan otros riesgos adicionales: por ejemplo, los techos que anteriormente se hacían con materiales vegetales locales tenían un tiempo más o menos determinado de vida útil y no sufrían mucho los efectos de los vendavales. Son otra adaptación cultural exitosa a los riesgos del territorio. Pero ahora se hacen también con tejas, alambres y clavos, que usados así, sin más, son vulnerables ante la humedad y la salinidad comunes en los territorios, y por lo tanto sufren más daños con los mismos vendavales.  

- La mayor parte de las basuras y desechos fisiológicos van a dar a las corrientes de agua, con todos los problemas sanitarios, entre otros, que esta práctica genera. Esta acción está fuertemente arraigada tanto en las comunidades indígenas como en las afro, se explica en parte por la no disponibilidad local de otras formas de recolección y disposición, pero también se conecta con la creencia cultural de que “el agua se lleva todo”.  

11. SOBRE LOS ASPECTOS CULTURALES QUE FACILITAN Y DIFICULTAN LA GRD CON ENFOQUE DIFERENCIAL:

11.1 SEGÚN SUS ROLES:

- La cartografía social reveló cómo las vivencias, tareas e ideas acerca del territorio están atravesadas por el género: es decir, el territorio no es neutral. El de los hombres se suscribe al bosque, la selva, el agua en donde realizan una serie de actividades casi exclusivamente en compañía de sus pares y congéneres, expuestos a riesgos particulares. Al dibujar su territorio lo hacen con una perspectiva macro, describiendo la región en su conjunto con las características generales que les son más importantes y que conocen por sus movimientos cotidianos. El territorio de las mujeres es doméstico y allí se encargan de las labores de cuidado (de la familia y el hogar) y reproducción, muchas veces teniendo a cargo varias actividades a la vez, fenómeno que no ocurre con los hombres o al menos con lo que ellos narraron o dibujaron. Por eso la cartografía de las mujeres y las niñas tiende a circunscribirse a sus espacios de cuidado, crianza, elaboración de artesanías y preparación de alimentos en la comunidad. Es evidente que en sus cartografías se reconocen las líneas de autoridad, dibujando con contundencia la casa del Alguacil y el Gobernador. Las mujeres y las niñas describen muchos más detalles que los hombres. Así mismo, en este territorio también limitado, ellas, sus hijos e hijas se exponen a riesgos particulares para los cuales reportan que muchas veces no hay hombres cerca para ayudarles a mitigarlos, y tampoco reconocen capacidades propias que les permitan tomar decisiones y cuidar de sí mismas con autonomía.

- Se espera que las mujeres se encarguen de las labores domésticas, de la recolección y acopio de la leña, del cuidado de niñas y niños y de la elaboración de artesanías. Su tiempo siempre está destinado para los demás. Eso les quita oportunidades para hacer parte de los comités de GRD y para formarse. Su rol está suscrito a lo doméstico y reproductivo, mientras que el rol de los hombres se suscribe a lo público y productivo.

- Ante la mayor posibilidad de que las mujeres y las niñas tiendan a morir ahogadas (en relación con los hombres), la diferencia de visiones y experiencias impactó a las y los participantes en el Conversatorio: surgió la afirmación de que “los niños y las mujeres somos más débiles que los hombres: ellos nadan bien, nosotras nos ahogamos. Los hombres son más resistentes al agua”, que desde nuestra perspectiva “desde afuera” nos problematiza. No lo mencionamos en el Conversatorio para no lanzar juicios que contaminaran los saberes “de adentro”, pero en este análisis contextualizamos estas afirmaciones con la construcción de los roles de género en una comunidad patriarcal, en la cual posiblemente la vida de las mujeres y las niñas vale menos, por lo que quizá no se toman las acciones suficientes para preservarla. Así mismo, en una comunidad donde las decisiones son tomadas por ellos, ellas deben pedir permiso para realizar acciones que afecten sus vidas. A este respecto, también  sobre el pueblo Wounaan, Cruz (2010)  afirma que “se piensa que las mujeres son inferiores en sus capacidades intelectuales, y en consecuencia, la toma de decisiones adecuadas para su vida o la de sus hijas o hijos corresponde a los hombres (…) En ocasiones se observa una enseñanza de la indefensión femenina”.

- Sobre el impacto diferencial de las inundaciones en hombres y mujeres aparece otra discrepancia de visiones y de impactos por la misma amenaza (inundación), que entendemos como asociada a la diferenciación de roles según el género: mientras que a las mujeres las afecta negativamente porque incrementa su trabajo, puesto que se moja la leña para el hogar deben salir a buscar más (entre otros inconvenientes y peligros en la vida doméstica a su cargo), a los hombres, que son los que cortan y sacan la madera más pesada para los usos constructivos y para su comercio en los centros poblados, les sirve porque el crecimiento del nivel de los ríos les facilita su transporte, que no podrían lograr de otra forma. Esto confirma que la percepción de los eventos y sus riesgos es diferencial, según los roles de quiénes los viven y el impacto que les provocan. 

- Ignoramos si el mito de la niña-adolescente enterrada, que causa los sismos cuando se la maltrata o se echa agua caliente a la tierra, es completamente originario de la cultura Wounaan, o ha sido contaminado por siglos de contacto y, durante mucho tiempo, avasallamiento por la cultura y la religión católica dominantes en el país.  Aquí Vergara (2015) nos hace notar que en otras culturas entidades femeninas también están asociadas a algunos desastres: por ejemplo en la tradición prehispánica Maya una serpiente igualmente causa los terremotos. Desde la misma posición, discute si en ese caso se puede hablar de contaminación de la religión católica, por el relato de la serpiente en el paraíso.  En todo caso, nos llaman la atención los siguientes aspectos:

  • La explicación mitológica a un fenómeno natural, en este caso los sismos, que es un denominador común universal: prácticamente todas las culturas en el mundo desarrollaron mitos para este fin.
  • La asociación de las mujeres con faltas contra los dioses y sus dictados, y los castigos también divinos que caen sobre ellas. En común con varias religiones del mundo de afuera.
  • El mito acerca de las mujeres, de su cuerpo y el control de sus vidas: si el movimiento de las mujeres genera terremotos, ¿entonces es mejor disciplinar y controlar sus cuerpos para preservar a la comunidad? Los encierros en algunas comunidades indígenas tienen este fin, domesticar a las mujeres para que aprendan las normas de la comunidad, se les despoja de su capacidad de toma de decisiones, de la autonomía sobre sus cuerpos. Así, “Las mujeres se encuentran subordinadas al poder y la decisión de los hombres con quienes comparten la casa, independientemente de la existencia o no de un vínculo familiar directo” (Cruz, 2010). Desde la perspectiva de Género, este es quizá un continuum de violencia basada en género contra las mujeres indígenas.
  • La relación no muy clara pero presente entre el cuidado de la tierra y el cuidado de las mujeres o por las mujeres, pues el mito expresa directamente que la tierra es la madre. Ahora bien, quedan por trabajar más las eventuales relaciones de este mito con los roles de género que se han construido en la comunidad. 

11.2 SEGÚN SU VALORACIÓN:

- La mujer es la creadora y cuidadora de la vida, y a pesar de su importante rol doméstico su valoración es baja, y menor aun la de las niñas. Incluso ellas aún no dimensionan la importancia de sus labores, pues la naturalización de los roles no las ha dejado reflexionar acerca de su importancia. 

- En un medio de movilización predominantemente acuático, el hecho de que muchas mujeres no sepan nadar deja ver el poco valor que tiene su vida para la comunidad.

- No es notoria la participación, el aporte o rol de las niñas en la construcción de comunidad, solo hasta su menarquia. Según dicen, “Las niñas no pueden aprender hasta llegar a la juventud. Luego de la menstruación los padres les enseñan los valores y reciben la posibilidad de preservar la vida y la cultura; antes no pueden, ni saben nada”. Además, no se les enseña a desarrollar destrezas físicas ni productivas más allá de hacer artesanías y cultivar, mientras que “con los hombres es diferente porque ellos sí nacen fuertes, entre más dolores de partos le dé a la paridora es más fuerte el niño que nace, él tiene la posibilidad de decidir sin haber llegado a la juventud”.

11.3 SEGÚN LA PARTICIPACIÓN:

- La participación de las personas, tanto al interior de la comunidad como en su proceso organizativo, se percibe en diferentes niveles: se da un primer nivel dentro de la dinámica familiar a partir de los roles establecidos y asumidos por el jefe de familia, las mujeres, los hijos, las hijas y las autoridades tradicionales. Un segundo nivel es la participación de las personas en las actividades cotidianas como el uso y el manejo del territorio, la naturaleza y sus espíritus. Finalmente, un tercero que está dado por la autoridad tradicional (Gobernador, Jaibaná y Chamán), en dónde se ejerce el poder espiritual.

- El rol de los hombres se percibe como más poderoso: aunque hay algunas mujeres en el Cabildo, reportan que pocas veces se les escucha y cuando lo hacen no se tienen muy en cuenta sus sugerencias. Nunca ha habido Gobernadoras. Desafortunadamente avances en equidad de Género reportados en el mismo territorio y las mismas comunidades por Ramón (2011), a raíz del proyecto Maach Jeb III -nuestra casa o nuestro territorio-, “apoyado por ACNUR y consistente en un proceso de fortalecimiento organizativo para alcanzar la equidad de género en la convivencia diaria de esta organización indígena, buscando que las mujeres puedan afrontar los riesgos que les impone el conflicto armado”, no fueron reportados en el Conversatorio. 

- La participación de las niñas se da cuando tienen su primer periodo y son ritualizadas, entonces se abre la posibilidad de ser personas reconocidas. Aprenden el rol de participación y valoración que en las familias sus mujeres ancestras han tenido, según las orientaciones de las autoridades tradicionales. Otra forma para que sea reconocida la participación activa femenina se da cuando son parteras o profesoras. Pero durante su primera infancia, a las niñas parece no asignárseles mayor valor. Recordemos que la categoría de infancia no es claramente reconocida en varias culturas indígenas, lo que puede aportar a la alta mortalidad infantil, no sólo de niñas, pues las prácticas de cuidado de la primera infancia son aún construcciones más occidentales.
 
- La división sexual del trabajo es asimétrica, recargando a las mujeres todas las labores de cuidado, siembra, artesanales, educación y salud. Esta división construye desigualdades en las cuales las mujeres son las más afectadas, pues ven disminuida su autonomía y ejercicio del tiempo libre. Así mismo, recae en ellas una alta carga física que pone en riesgo su salud. 

- La educación del mundo de afuera es muy limitada para las comunidades indígenas. En el caso de las mujeres es más grave, pues debido a patrones culturales sus familias, en especial los padres hombres, no muestran interés en enviar a sus hijas al colegio, ya que no encuentran ganancia al hacerlo. Esto se da puesto que las niñas al dedicarse a las labores domésticas, cuidados de otros y uniones tempranas arregladas entre familias, no requieren la educación occidental para vivir la vida que les tocó. Esto las hace más vulnerables a las emergencias, los desastres, la violencia sexual e intrafamiliar.

11.4 SEGÚN EL ACCESO Y EL CONTROL DE LOS RECURSOS:

- A los hombres se les atribuyen la fuerza y la sabiduría para la negociación espiritual y simbólica para el control de los elementos; pero cuando no pueden es un “castigo, algo sobrenatural” que reciben de los Dioses y necesitan rogativas o fiestas tradicionales. De nuevo, pierden el locus de control.

- Las mujeres conocen y acceden a los cuatro elementos. Por ejemplo, las fibras naturales con las que elaboran diversas tinturas y artesanías; de igual manera a cursos de partería y salud. En el territorio lo hay todo, el acceso a los elementos por las mujeres es vital, pero su control está dado por personas externas: por las respuestas de las mujeres se puede percibir falta de control en varios aspectos de su vida, en particular con los cuatro elementos, pues cuando se desbordan o salen de control se atribuye a causas sobrenaturales.  

- Para las niñas los cuatro elementos están asociados al territorio: es la vida, en donde se desarrollan prácticas tradicionales de producción, de la lengua, la tradición oral, las historias, los cuentos, las costumbres, las creencias, las autoridades tradicionales, los árboles, el agua, los animales, entre otros, que pueden “cantar, llorar y dar bondades”. Se percibe una repetición de los roles tradicionales tanto en niñas como en niños, creciendo en los estereotipos que marginan a las mujeres al ´ámbito privado y a los hombres al ámbito público. 

- El dinero que las mujeres reciben por la venta de sus artesanías, al parecer es controlado por los hombres. 

- A pesar de recibir información frente a varios temas, las mujeres tienen pocos recursos para incidir en su transmisión y desarrollo. 

- Los recursos económicos son controlados por los hombres, a pesar que son las niñas y mujeres quienes aportan en los quehaceres de la casa, en la elaboración de artesanías, recibiendo subsidios por el Estado como “Familias en Acción” (programa que busca la reducción de la pobreza y las desigualdades sociales), llevando la carga de los productos de la labor agrícola y trabajando en la tierra. 

- Ningún nivel del Estado (local, departamental o nacional) ha orientado ni apoyado a los Wounaan en la Gestión de sus Riesgos de Desastre, y muy poco en el acceso a unas mínimas condiciones de calidad de vida, pese a que son titulares de los mismos derechos fundamentales y generales que todas y todos los colombianos. Esa exclusión profundiza sus vulnerabilidades y debilita su resiliencia.  

11.5 SOBRE EL CONCEPTO DEL TIEMPO:

Es difícil encontrar en los saberes de adentro del pueblo Wounaan referencias al futuro, como lo entendemos desde afuera: naturalmente sí hay un mañana, una semana entrante, un año que viene, se siembran unas semillas con expectativas de cosechar el producto en una cantidad precisa de meses, y se tiene excelente conocimiento de los ciclos de la naturaleza. De hecho percibimos que la concepción del tiempo es igualmente cíclica.  La visión de futuro parece estar plasmada en el plan de vida por una parte, y por la otra al preguntar por el futuro las y los sabedores de adentro hicieron referencia a un territorio cambiante y castigado por  la furia de los dioses por la mala administración de la tierra. Pero el futuro algo más lejano, de aquí a cinco años, la siguiente generación, no se menciona. De alguna forma percibimos que la vida tiende a girar más alrededor de lo que ya pasó o del momento presente, con pocas proyecciones hacia más adelante.  A mayor plazo, menor consciencia del mismo.

Esto parece dificultar las percepciones y la comprensión sobre la evolución, el desarrollo y la sostenibilidad del territorio y de las comunidades, desde la perspectiva de afuera. Hace más difícil hablar de los riesgos, muchos de los cuales son potenciales o tienden a expresarse en largos intervalos, y no es el más fácil de los terrenos para plantar conceptos y prácticas de planificación. Si el mundo que conozco ha sido siempre así, es así hoy y espero que siga siendo así siempre, no es fácil entender que necesito hacer ajustes. Menos aun con términos tan extraños para los saberes de adentro como “amenaza”, “vulnerabilidad”, “riesgo”, “mitigación”, “resiliencia”, “plan de desarrollo”, “sostenibilidad”, “gestión del riesgo” y “desastre”.

12. SOBRE LA MUERTE DE NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES POR SUICIDIO O POR LOS DUENDES:

Nos preocupa sobremanera el reporte de la aparición esporádica de los cadáveres de NNAJ, en su mayoría mujeres y frecuentemente muertas por ahorcamiento, cuyo deceso es atribuido al suicidio o a “duendes que matan a los niños cuando están solos”. En una versión de las mujeres adultas y las niñas, hacen referencia a que “se mueren por picaduras de culebras y tigres que se comen el alma de los  niños y niñas, dejando el cuerpo tirado”. 

Tristemente, también escuchamos similares versiones de comunidades Emberá en el Municipio de Juradó, en la frontera entre el Chocó y Panamá.  Los Emberá comparten varios territorios y muchos rasgos culturales con los Wounaan; y encontramos en la literatura que el tema es tan frecuente que ya ha sido estudiado: Sepúlveda (2008) se ha referido al suicidio entre los indígenas Wounaan y Emberá en el Chocó septentrional, mostrando cómo “el conflicto armado es la causa fundamental de estos suicidios, pues esta situación empeora considerablemente la calidad de vida de los indígenas (el número incrementado de muertes, las torturas, el debilitamiento de la medicina tradicional debido a la nueva situación médica creada por el conflicto y la limitación radical del espacio geográfico, son algunos ejemplos). La experiencia suicida indígena, permite entender el significado de la saturación de la adversidad; la vivencia de un lugar del mundo estrangulado por un ethos cultural inmerso en la violencia, conlleva al suicidio como un rito de paso hacia la vida ensoñada, que es mostrada por los ancestros como la mejor alternativa ante la situación en la vida actual.” 

Morris (2003) documenta a Delia Casama, líder de la justicia Emberá, cuando explica que los suicidios son narrados y entendidos como acción de un espíritu que se llama “Arimbalu, quien se manifiesta en forma de fieras o  personas con cercanía que se han suicidado. Este espíritu malo nace de  la unión de varios espíritus de los cuerpos abandonados que no son recogidos por nadie y sus espíritus quedan flotando desde el año 1997 que empezó la guerra, estos se levantaron de la selva e iniciaron a cobrar venganza. Pero en las comunidades se sabe que la persona está siendo invadida porque se aleja, no busca comer, no están tranquilos y los ataca cuando están solos; las niñas sentadas sin despegarse del piso con un hilito se estiran y listo y los niños en un palo en la comunidad.  El poder liberar los cuerpos de ese espíritu lo hace la Jaibana”. 

Teniendo en cuenta que en la cosmología de los Wounaan los Jai (una especie de espíritus malignos) aparecen cuando se presenta algún desequilibrio en la sociedad, los Jaibanás, chamanes o Bënk’únns, como encargados de reestablecer el equilibrio, son tratados con desconfianza por algunos miembros de la comunidad, al ver que la situación los sobrepasa. Aunque en la mirada de Occidente el suicidio es analizado desde una mirada médica y psiquiátrica, para los Wounaan y, en general, para los investigadores que se aproximan al tema, éste se muestra como un fuerte indicador del malestar social. 

De igual manera, tomando esto de Malinowski y de Durkheim (Turner, 2006), el suicidio se convierte en un rito de paso hacia un mundo mejor, en este caso hacia un mundo onírico. Éste se halla presente en la vida y en los ritos chamanes, incrustado en la cotidianidad y se entiende como un “cielo”, como una alternativa viable al mundo Wounaan. Según Sepúlveda (2008), “la suma de los elementos modernos satura las formas tradicionales de afrontar la adversidad”.

El documental “La Selva Inflada” (Naranjo, 2016), reporta una situación parecida en indígenas entre los 14 y los 25 años desde hace una década en la Amazonía colombiana, entre quienes las tasas de suicidio superan varias veces las de Colombia en el mismo segmento de población.  Las notas “¿Por qué se están matando los indígenas?”, (Revista Semana, 2016), y “La Selva Inflada, la tragedia de los jóvenes indígenas amazónicos” (Revista Cromos, 2016), reseñan la situación de desarraigo, conflicto de identidad y desesperanza que inunda a los niños, adolescentes y jóvenes nacidos y criados en su entorno y bajo sus costumbres ancestrales, pero expuestos de pronto y exigidos por las condiciones, las costumbres los ritmos, las prioridades, las exigencias, las expectativas y hasta los vicios de la sociedad occidental, que le resta valor a su origen y les pone a competir en medio de la inequidad y desventaja en su contra.  Mencionan que ese “no proyecto de vida” les confunde, les obliga a hacer cosas en contra de su voluntad y con demasiada frecuencia, a tomar decisiones desesperadas y drásticas en su contra.  

De nuevo en el Chocó, es clara la permanente presencia y circulación de Actores Armados Legales e Ilegales (AAI) por los territorios Wounaan, su recurrente historial de violación de los derechos humanos, particularmente asociados con las violencias sexuales, y en contra de las personas más vulnerables.  Las comunidades también reportan las muertes ocasionales de hombres Wounaan durante sus recorridos por el territorio, sin que se hayan reconocido sus autores; se conjetura incluso sobre la responsabilidad de personas afro que también habitan y trasiegan ese mismo territorio, o de los AAI en torno a sus actividades delictivas allí mismo, que en el pasado, y todavía hoy, representan las amenazas de muerte, desplazamientos forzados y reclutamiento en contra de las comunidades indígenas. Otra presión son los cultivos ilegales sembrados y vigilados por los AAI en los territorios Wounaan, y las subsiguientes fumigaciones aéreas por el Estado colombiano, que también afectan los cultivos tradicionales, la subsistencia y la salud de las comunidades, como lo expresan claramente al referirse a las amenazas asociadas con el aire. El reporte Flash Mira de febrero del 2015 por parte del Equipo Humanitario Colombia (2015) confirma todo esto:

“Comunidades afrodescendientes e indígenas Wounaan de la parte baja del río San Juan en los límites de Chocó y Valle del Cauca, en los municipios de Litoral de San Juan y Buenaventura respectivamente, han sido afectadas desde finales de 2014 por restricciones a la movilidad y desplazamientos forzados, causados, principalmente, por la presencia de grupos armados postdesmovilización y combates entre estos y la Fuerza Pública. En este momento cerca de 920 personas se encuentran en situación de desplazamiento en la cabecera municipal de Buenaventura, y más de 3.000 personas permanecen en sus territorios en riesgo de desplazamiento y con restricciones a la movilidad.

A la fecha permanece el temor por la posible ocurrencia de nuevos hechos victimizantes. Los medios de vida tradicionales relacionados con la caza, pesca y agricultura se han afectado, al igual que la comunicación, el comercio y el transporte entre las comunidades, lo que ha generado dificultades para acceder a alimentos, servicios de salud y educación.”

Desafortunadamente reportes anteriores de la misma fuente muestran que la situación viene de varios años atrás en los mismos territorios contra las mismas comunidades (OCHA, 2016): si el accionar de los actores armados es una de las causas de los homicidios y/o suicidios de personas tan jóvenes, también está denotando la situación desesperada a la que el conflicto armado y otras presiones del mundo de afuera están llevando a estos pueblos indígenas. No es una coincidencia que la Corte Constitucional, mediante el Auto 004 del 2009, ordenó al Gobierno Nacional la formulación e implementación de un Plan de Salvaguarda étnico para el Pueblo Wounaan y 33 pueblos indígenas más que se encuentran en riesgo de desaparecer física y culturalmente por razón del conflicto social y armado que vive el país. En este Plan plantean que los Megaproyectos de minería, hidrocarburos, infraestructura vial, explotación de madera, así como la siembra y comercialización de cultivos de uso ilícito, vienen generando impactos socio ambientales negativos y una consecuente militarización del territorio que ha venido debilitando las estructuras sociales, políticas, productivas y culturales del Pueblo Wounaan, incrementando la violación de los Derechos Humanos, haciendo más difícil su permanencia en el territorio y el goce efectivo de los derechos colectivos al territorio, la autonomía y la identidad cultural. Desafortunadamente, esta protección jurídica parece no haber trascendido de los escritorios en Bogotá hasta las selvas del Chocó.

Pero no podemos obviar otras posibilidades, como el eventual abuso y asesinato de estas y estos NNAJ por miembros de las mismas comunidades: no hay que olvidar los desafortunados antecedentes de abuso infantil en algunos pueblos indígenas, y hay que reconocerlo, la escasa atención y solución que han recibido de las autoridades legales: el primer obstáculo para este objetivo es el “choque de trenes” entre las altas cortes. El Tiempo (2014) explica que  “mientras el Consejo Superior de la Judicatura ha enviado los casos de violaciones de niños indígenas a la justicia ordinaria, la Corte Constitucional ha decidido que sea la jurisdicción indígena la que los conozca.”  Hasta que se zanje esta discusión, los pocos casos que se reportan a las autoridades van y vienen entre los despachos judiciales sin una jurisprudencia clara para su prevención, conocimiento y castigo, a la vez que los abusos y su impunidad continúan. 

Además, Escobar (2015a) reporta que “detrás de la ley indígena, que muchos califican de incuestionable y pocos se atreven a discutir, existen mujeres que sufren en silencio la cruda realidad de sus comunidades en donde la violencia física y sexual son actos que pasan desapercibidos y, en ciertos casos, son justificados.” Agrega que “las vidas de las mujeres indígenas que son víctimas de violencia al interior de sus comunidades poco aparecen en estadísticas y debates nacionales. Sin embargo, la información existente revela que las más afectadas son las menores de 14 años…y que no siempre los grupos armados atentan contra ellas, sino que son sus familiares y vecinos los principales agresores.” 

En este sentido, Escobar (2015b) advierte que en las jurisdicciones indígenas hay poco interés y capacidad para enfrentar el tema: cita a Esmeralda Ruiz, Asesora en Género y Derechos Humanos del UNFPA (Fondo de Poblaciones de las Naciones Unidas); respecto a la afirmación de que en los patios traseros de los resguardos indígenas, las niñas, madres y hermanas son víctimas de violaciones, y cuando hablan y claman por justicia “en muchas comunidades las castigan o las consideran sucias, manchadas, dañadas”.  La misma fuente también cita a Gabriel Muyuy, quien hasta el 2014 fue el Director del Programa Presidencial para los Pueblos Indígenas, y quien acompañó valiosamente este Conversatorio, afirmando que “a veces se magnifica la autoridad de los indígenas y, por lo tanto, no hay quien la controle, vigile e intervenga. Mientras tanto hay abusos frente a la defensa de los derechos humanos, como sucede con la justicia propia respecto a los casos de violencia sexual.” En síntesis, las justicias indígenas parecen no estar abordando el problema con el interés, la capacidad y la garantía de derechos, especialmente para las víctimas, por lo que también es urgente su sensibilización, preparación y vigilancia: no se trata de desconocerlas, sino por el contrario de fortalecer sus capacidades y autoridad.

Sean quienes hayan sido los responsables, estas muertes ocurrieron en lugares aislados, sin testigos conocidos y no fueron investigadas según las normas forenses, dada la nula presencia de las autoridades judiciales colombianas en esos territorios y la debilidad o el desinterés de las autoridades indígenas respecto a la protección de los derechos de los niños y las niñas, o para la investigación confiable de estas muertes, por lo que no se puede confirmar ni descartar ninguna hipótesis. De cualquier forma, sea por desesperación, desesperanza, suicidio o asesinato estas muertes no son aceptables y exigen ser prevenidas, y si es preciso castigadas, si es que Colombia pretende seguirse considerando a sí misma como un Estado de Derecho, garante de las vidas de todos sus nacionales.

13. RECOMENDACIONES:

Todo lo expresado por “los sabedores y sabedoras del mundo de adentro” forma parte de la cultura Wounaan, y como tal es respetable. Cualquier acción en la GRD debe ser consciente de esta situación, y dentro del respeto por la cultura de las personas con las que trabaja, que es una regla clara para la Fundación Plan, proponer y concertar acciones que ayuden a las comunidades a comprender más, reducir sus vulnerabilidades y fortalecer su resiliencia ante los riesgos y desastres en su territorio. Incluso, como parte de nuestro mandato institucional, estimular la generación de ambientes de equidad para que todas las niñas y todos los niños de las comunidades Wounaan puedan desarrollar el pleno de sus potenciales, tanto dentro de sus territorios como en la interacción con el mundo de afuera. Esto incluye su protección integral en el diagnóstico, la mitigación y la prevención de los riesgos a los que están expuestos, así como en la respuesta a los impactos y la recuperación de las emergencias y los desastres que puedan afectarles. 

Desde esta base, estas son nuestras recomendaciones:

  • Apoyar la recuperación y la preservación de los saberes ancestrales protectores del equilibrio ambiental entre las comunidades y sus territorios.  Sin embargo, de nuevo Vergara (2015) nos alerta que no necesariamente las prácticas ancestrales son generadoras de equilibrio con el medio ambiente: anota que las evidencias de estos pueblos también muestra la transitoriedad y el nomadismo, en la medida en que van agotando recursos, desplazándose a otro lado. Lo que sugiere identificar y recoger son las prácticas y hábitos que sirven para la sostenibilidad ambiental de los Wounaan en sus territorios, independientemente de si son ancestrales o están “contaminadas” por otras culturas.
  • Desde el respeto a la negociación con los espíritus y el designio del destino para relacionarse con los cuatro elementos, proponer acciones prácticas para la GRD en las comunidades y los territorios Wounaan, compatibles con su cultura, su cosmogonía y su concepción de bienestar y desarrollo.
  • Utilizar el conocimiento indígena sobre las zonas más seguras del territorio para evitar inundaciones (zonas sagradas, de cacería y reserva de alimentos) en la propuesta de aciones específicas para la GRD.
  • En la misma línea, diseñar junto con los “sabedores y sabedoras del mundo de adentro” estrategias conceptuales y metodológicas que ayuden a comprender al pueblo Wounaan la relación ambiental entre sus acciones y su territorio, específicamente las consecuencias positivas y negativas de sus prácticas productivas y de subsistencia en el medio ambiente y en su bienestar presente y futuro. En otras palabras, orientar los procesos que les ayuden a asumir el locus de control en la gestión de sus propios riesgos.
  • Asociados con los anteriores puntos y con su autonomía y soberanía alimentaria, introducir conceptos y acciones de sostenibilidad ambiental de sus prácticas de subsistencia y productivas.
  • Es necesario entender que las territorialidades, las temporalidades y las espacialidades de las comunidades indígenas -“mundo de adentro”- son particularmente diferentes que las del “mundo de afuera”, que es representado por la institucionalidad. Lo anterior está relacionado con la forma en cómo se planifica y utiliza el territorio, lo que implica entonces reflexionar sobre cómo se siente, escucha y se ve al territorio desde una perspectiva sistémica y no fragmentada de la realidad. Así, cualquier acción en GRD será más sostenible si también es sistémica.
  • Las normas, los conceptos, los términos, las prácticas y las prioridades de la GRD del mundo de afuera no significan ni movilizan mucho adentro.  Por eso necesitan integrarse con la cosmogonía, las costumbres y los usos prácticos del mundo de adentro.
  • Emparejar los objetivos y las acciones en la GRD de las comunidades Wounaan con sus intereses y medios de producción y subsistencia: lo que no muestre beneficios, al menos indirectos, en el día a día de las personas, se abandona con el tiempo.
  • Las actividades de subsistencia están muy presentes en lo expuesto por los adolescentes, como reportaron en la exploración hecha sobre la mayoría de temas abordados; por lo tanto, cualquier acción en la GRD con este sector de la población también debe vincularse directamente con esas actividades, trayéndoles beneficios concretos. 
  • Vergara (2015) nos hace caer en cuenta que el concepto de desarrollo viene de afuera, y supone un tiempo lineal. ¿Es esa la concepción de tiempo desde adentro? Probablemente no siempre: pudiera ser que es un ciclo que debe darse, incluidos los desastres, para no romper la armonía con la naturaleza.  La concepción y aplicación de acciones en la GRD necesita ser sensible a estas visiones culturales diferenciales.
  • La GRD tiene éxito o fracasa desde lo local. Entonces, acompañar a las comunidades Wounaan en la comprensión de sus riesgos, el diseño y la implementación de las medidas de mitigación, prevención, respuesta y recuperación, a partir de sus prioridades y optimizando sus propios recursos.  
  • Propiciar espacios de equidad de género, participación y liderazgos femeninos, en todos sus ciclos vitales. Por ejemplo, las niñas están presentes en todas las actividades cotidianas como el uso y el manejo del territorio, el sistema de producción tradicional, los roles que se dan al interior de la familia, las relaciones entre éstas, así como las prácticas y las ceremonias desde su organización social y su cultural. Es decir, son agentes muy poderosas de información y cambio, que pueden y deben ser aprovechadas.
  • Siempre que se haga una intervención en el territorio es necesario consultar a las mujeres, pues, al contrario de los hombres, ellas siempre están cerca a la casa, al río, al cultivo y a las niñas y niños. Ellas conocen las señales de la naturaleza, los mensajes de los animales y el valor de las plantas. Es necesario incluir activamente a las mujeres en el reconocimiento de variables de riesgo, así como en el desarrollo de capacidades de gestión de riesgos y respuesta en emergencias. También, en su rol de profesoras y parteras, las mujeres pueden ser movilizadoras de las aciones de la GRD. 
  • Otra razón para garantizar siempre la participación y las capacidades autónomas de las mujeres, niñas y adolescentes Wounaan en las acciones en la GRD, es que frecuentemente están solas. Si solo los hombres, niños y adolescentes tienen acceso a los conocimientos y las habilidades en el tema, las mujeres y niñas tenderán a conservar las vulnerabilidades y las dependencias encontradas.
  • En la misma línea, en temas como los Primeros Auxilios la cultura Wounaan impone restricciones de contacto físico entre hombres y mujeres en ciertos casos y zonas del cuerpo.  Si una mujer requiere asistencia, pero solo hay hombres preparados para darla, puede ser que no la asistan, o lo hagan parcialmente, por esas restricciones. En cambio, otra mujer entrenada no tiene ninguna restricción. 
  • Las intervenciones alrededor de la equidad de Género deben ser sostenidas en el tiempo, e impactar en la cotidianidad más allá del ejercicio conceptual o coyuntural.  Como lo muestran el escaso recuerdo y los resultados poco visibles en el 2014 de las intervenciones al respecto hechas en estas mismas comunidades por ACNUR hace poco tiempo (Ramón, 2011), el cambio cultural de los estereotipos y las prácticas habituales demanda insistencia en el tiempo y alcances prácticos concretos en la vida diaria de las personas y las comunidades. 
  • Entender cómo operan los roles y las relaciones en la comunidad para no repetir los estereotipos de género ni recargar a las mujeres con dobles jornadas al programar acciones de GRD. Para eso es necesario consultar y concertar con las comunidades.
  • Es clave negociar con las autoridades tradicionales y con los Gobernadores la posibilidad de escuchar la mirada de las niñas y las mujeres en la construcción del territorio y en tener herramientas e información que faciliten la preservación de la vida y la cultura de la comunidad. Lo anterior en coherencia con que las mujeres son las que permanecen en el hogar, en su rol de cuidadoras.
  • Acompañar al pueblo Wounaan en la incidencia política y la exigencia de sus derechos, incluidos los asociados con la GRD, ante los diferentes niveles del Estado relacionados con sus territorios.  
  • Relacionado con el anterior, apoyar a las diversas comunidades Wounaan en la formulación y la realización de sus Planes Integrales de Vida (PIV). Concordamos con Muyuy (2012) cuando reitera que “ante el inminente riesgo de extinción física y cultural el PIV se convierte en “una herramienta de afirmación cultural, social, política y económica y una estrategia de negociación, concertación y diálogo intercultural con el resto de la sociedad nacional, en la construcción de una Nación Multiétnica y pluricultural”, para garantizar el derecho indígena de seguir existiendo como pueblos y como colectivo, a partir del ejercicio del derecho a la autonomía y la autodeterminación como pueblos.”
  • Proveer a las comunidades de los conocimientos necesarios para utilizar los nuevos materiales de construcción de una forma segura y acorde a las normas institucionales. Así mismo, de estrategias para mitigar los nuevos riesgos que estos materiales traen consigo.
  • Respecto a la disposición de las basuras y desechos fisiológicos en las corrientes de agua, desarrollar y difundir otras formas de recolección y disposición más saludables y sostenibles ambientalmente, acordes con la cultura y los recursos disponibles.
  • Aprovechar la creencia cultural de que “el agua se lleva todo”: respetando este concepto, que es parcialmente cierto, podría complementarse con otros dos: el primero, sí el agua se lleva todo, lo bueno y lo malo, para las comunidades que viven corriente abajo (enfatizando que uno siempre vive corriente debajo de alguien). El segundo, enseñando y aprovechando el conocimiento sobre el ciclo del agua: cómo ella se va pero también regresa, llevándose pero también trayendo todo lo que le echamos. Esta idea de ciclos es muy compatible con la forma como las comunidades Wounaan entienden el tiempo y el mundo que les rodea, por lo que puede ser una buena opción de acercamiento al ajuste de esta práctica cultural. 
  • Trabajar el rol de las personas en la generación y en la prevención de los desastres, con un acento diferencial. Por ejemplo, reforzar las acciones que buscan preservar la vida de las niñas y los niños. 
  • Es necesario dialogar con todas las personas de la comunidad desde su reconocimiento, aproximación, acceso, uso, rol, sexo, ciclo vital sobre el territorio. Así la gestión del riesgo hace posible un diseño de actividades sostenibles y apropiadas a las relaciones y capacidades.
  • Frente a la afectación de los cultivos por las inundaciones, por ubicar la mayoría en las riberas de las corrientes de agua, precisamente porque las inundaciones irrigan estos campos con barros ricos en nutrientes que producen mejores cosechas, sugerimos respetar esta práctica, pero complementarla con otra muy sencilla: hacer parte de los cultivos en otras zonas más altas y menos vulnerables a las inundaciones, a las que se pueden llevar como abono natural parte de los barros ricos que las inundaciones dejan. Así un único episodio de inundación no afectaría todos los cultivos, reduciendo su vulnerabilidad específica ante este evento.
  • Walsh (2010), declara que “la interculturalidad se refiere al proceso y la práctica de contacto e intercambio entre culturas en términos equitativos y en condiciones de igualdad, no solamente en términos étnicos, sino a partir de la “relación, comunicación y aprendizaje permanentes entre personas, grupos, conocimientos, valores, tradiciones, lógicas y racionalidades distintas, orientadas a generar, construir y propiciar un respeto mutuo y un desarrollo pleno de las capacidades de los individuos y colectivos, por encima de sus diferencias culturales y sociales”.  Así, el encuentro intercultural con enfoque diferencial debe posibilitar el entendimiento y la comprensión por parte del “mundo de afuera” de la existencia en las comunidades indígenas -“mundo de adentro”- de entramados bioculturales, en los cuales prevalece una relación estrecha con la naturaleza y las concepciones construidas a partir de los usos y costumbres culturales del territorio a lo largo de su historia. Esto se debe manifestar y resignificar a través de los planes de vida que se constituyen en un referente clave para la pervivencia de los pueblos indígenas, sobre la cual se sustenta su autodeterminación y desde donde se promueve el sentido de pertenencia y arraigo.
  • La GRD con enfoque diferencial en las comunidades indígenas debe potenciar y propiciar un real ejercicio de la autonomía territorial, como eje de apropiación de la misma, como una política de desarrollo, de un “buen vivir” o un “mejor estar comunitario”, para garantizar la sostenibilidad del proceso. El uso de los recursos endógenos del territorio permite dar valor a lo propio del “mundo de adentro” y debe ser complementado con los recursos exógenos provenientes del “mundo de afuera”, basados en dos principios básicos que conllevan un entramado de conocimientos y prácticas que se tejen  en función de la dualidad: la complementariedad y la reciprocidad, como principios forjadores de su pensamiento, donde todo se conecta y existe una interdependencia que demarca épocas naturales que consolidan y definen actividades productivas, rituales y sociales.
  • Es precisamente en el uso cultural del territorio donde se promueven los principios fundamentales de los procesos de enseñanza y aprendizaje, de reciprocidad y complementariedad, concebidos y practicados de generación en generación, donde cada lugar y cada tiempo incluyen un legado de conocimientos recreados en diversos escenarios cotidianos, en los cuales se perpetúa la experiencia de vida de la etnia (Santamaría, 2014). De ahí la importancia a tener esto en cuenta en las acciones de la GRD.
  • La GRD con enfoque diferencial en los territorios indígenas debe tener en cuenta además de la voz de las autoridades indígenas tradicionales, la voz de los niños, niñas, mujeres y adolescentes que viven el riesgo. Lo anterior se constituye como el referente transversal bajo el cual se puede planificar y proyectar la autonomía, la organización política, la producción, la vida comunitaria, etc., en  búsqueda de reducir el riesgo de desastres, “un vivir bien” o “mejor estar comunitario”. 
  • Para avanzar hacia la materialización de un proceso de GRD con enfoque diferencial es necesario asumir que el territorio donde se establecen las comunidades indígenas es campo multivariado y complejo de relaciones socio-culturales-espirituales, económicas-productivas, políticas-institucionales y ambientales (físico-naturales). Estas se configuran a partir de interrelaciones población-población, población-naturaleza, población-Estado, población-capital y Estado-capital, en donde se reconoce de manera preponderante la dimensión socio-cultural-espiritual como una supradimensión -eje la vida- que las ha permitido fluir y permanecer a lo largo del tiempo; aquí el territorio es a su vez madre, espacio, tiempo y tejido (Santamaría, 2014).
  • Esta manera de resignificar y valorar los saberes propios para la GRD en territorios indígenas con enfoque diferencial, implica también reconocer que la existencia de un conocimiento “mágico” asociado a la ritualidad como una manera de leer el territorio; donde el pensar con el corazón es válido -tal como se hace con la razón-, lo cual se fundamenta en la posibilidad de ver, sentir, escuchar y atender los mensajes de la Madre Tierra. A partir de esto se asumen actitudes de reciprocidad y respeto, que se establecen por medio del tejido de las normas, comportamientos y creencias que estructuran la cultura de la comunidad y regulan la relación existente con su entorno. 
  • Parafraseando a Torres (2011), sobre lo que significa este reto de gestionar los riesgos con enfoque diferencial e intercultural, podríamos decir que: 

A) Es urgente construir nuevas posturas cognoscitivas, con una efectiva comunicación entre los pueblos indígenas, afrocolombianos, campesinos, instituciones académicas, ONG’s, administración pública y organizaciones privadas, que impliquen el fundamento espiritual y den consistencia política a la planificación intercultural. 

B) Tener apertura e imaginación para “tender puentes” conceptuales y pedagógicos necesarios entre las culturas escritas y orales para la ampliación de la esfera pública, que contribuyan a equiparar el texto escrito y grafológico con la oralidad de los pueblos indígenas y afrocolombianos. Para ello es necesario superar los procedimientos burocráticos para las políticas interculturales, sin descuidar los mecanismos formales de contraloría pública. 

C) Todos los actores sociales (indígenas, afrocolombianos, instituciones académicas, organizaciones, administración pública, etc.) deben “comprender que la planificación intercultural se implementa en marcos de disputas de poder y se concreta en escenarios dinámicos marcados por conflictos y tensiones entre los actores. Por lo cual, todos deben prepararse para saber resolverlas de cara a la aplicación efectiva de cualquier acción sobre las comunidades.”  

Estas tres premisas a tener en cuenta para la conformación de una planificación intercultural con enfoque diferencial, suponen entrar de lleno en un diálogo que considere la diversidad en las formas de conocer y establecer una comunicación horizontal (sin relaciones de superioridad) entre las narrativas públicas y los pueblos y sociedades tradicionales, respetando las lógicas y la pluralidad de mecanismos. El nuevo espacio público intercultural sería creado de “abajo hacia arriba” partiendo desde lo local, en una lógica de descentralización y autonomía municipal, siendo beneficioso para el desarrollo humano y ambientalmente sostenible. Este esfuerzo demanda una gestión cotidiana de responsabilidades administrativas, para que la gestión pública local tome en cuenta las formas de vida y culturas ancestrales, responda a las expectativas, culturas y valores de los pueblos indígenas en sus territorios y para que los bienes y servicios que el Estado debe proveer se enmarquen en políticas interculturales.

  • Respecto a las muertes esporádicas pero repetitivas de NNAJ por suicidio u homicidio: si bien estas amenazas no se relacionan directamente con la GRD, al menos con la asociada a los riesgos no intencionales en los que se concentra el SNGRD, definitivamente no podemos ignorarlas. E igual que con la GRD, su prevención y tratamiento demandan una intervención sistémica en varios frentes: 

En el nivel municipal, las mismas comunidades y autoridades Wounaan y los corresponsables como la Fundación Plan y otros actores que intervienen en el territorio, asuman la gravedad del problema. Es necesario que lo reconozcan, lo investiguen tanto académica como judicialmente, propongan y ejecuten soluciones concretas, insistan con mayor intensidad y profundidad en la educación para el respeto de todos los derechos humanos, con prioridad de los derechos de los niños y las niñas, como lo dictan la Convención de los Derechos del Niño, la Constitución Política y varias leyes colombianas.

Concretar en la práctica, más allá de las declaraciones políticas y las normas jurídicas, acciones específicas para mejorar la calidad de vida y la seguridad del pueblo Wounaan; de verdad garantizarle el goce de sus derechos, protegerlo de las presiones relacionadas con el conflicto armado, el desplazamiento forzado, el reclutamiento, los cultivos ilegales, otras actividades ilícitas y la respuesta casi solo represiva y generalizada del Estado, que por lo pronto les significa más perjuicio que ventajas.

Es urgente que los máximos entes judiciales del Estado enfrenten el problema de manera unificada y eficiente, mediante jurisprudencias que no choquen entre sí y prioricen los derechos de los y las NNAJ sobre los derechos culturales, tal como lo demandan las normativas legales y generales arriba mencionadas.

En esa misma línea, trabajar muy fuertemente con las propias comunidades y autoridades indígenas alrededor de la promoción y la protección activas, cotidianas y mandatorias de todos los derechos de los niños, las niñas, adolescentes y jóvenes. 
Terminar con la recurrencia, la invisibilidad y la impunidad de esas muertes. Sean cuales sean las causas, el problema está ahí y es una obligación ética enfrentarlo.

En general, contribuir activamente a mitigar la desesperación y la desesperanza que puede estar empujando al suicidio a las y los NNAJ, y las inmensas vulnerabilidades que son aprovechadas por actores criminales internos y externos de las mismas comunidades para violentarles.

Así pues, concluye este documento titulado Conversatorio sobre la Gestión del Riesgo de Desastres (GRD), con representantes de varias comunidades Wounaan de los municipios del Bajo Baudó y el Litoral de San Juan, Departamento del Chocó, Pacífico colombiano, en el cual se plantean problemáticas específicas de la comunidad Wounaan, las interpretaciones de la realidad que ellos mismos narran y algunas recomendaciones de la FUNDACIÓN PLAN para el trabajo e implementación de la GRD en este caso particular.

 

14. BIBLIOGRAFÍA:

- ACNUR. (2011). Plan de salvaguarda étnico del pueblo Wounaan de Colombia.  Recuperado en enero de 2015 en http://www.acnur.org/t3/fileadmin/scripts/doc.php?file=biblioteca/pdf/6981

- Asociación de autoridades Wounaan del Pacífico (CAMAWA) y Organización regional de Emberá Wounaan (OREWA). (2000). Paln de vida del pueblo Wounaan y Sipien del Bajo San Juan.  Recuperado en enero de 2015 en http://observatorioetnicocecoin.org.co/files/CAMAWA%20-%20Plan%20de%20Vida.pdf

- Bello, M., Introducción, contexto y perspectivas sobre acción sin daño y construcción de paz. Universidad Nacional de Colombia.

- Congreso de Colombia (2012). Ley 1523 del 12 de abril del 2012, por el cual se adopta la Política Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres y se establece el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo y se dictan otras disposiciones.  Recuperado en febrero del 2015 en http://portal.gestiondelriesgo.gov.co/Paginas/Normatividad.aspx

- Conquista, A. (2015).  Comunicación personal de certificación y autorización de publicación del estudio.  Archivos de la fundación Plan en Bogotá.

- Consejería de Derechos Humanos, Presidencia de la República (2010). Derechos humanos indígenas en las comunidades Wounnan. Recuperado en http://www.derechoshumanos.gov.co/Observatorio/Documents/2010/DiagnosticoIndigenas/Diagnostico-WOUNAAN.pdf

- Constitución Política de Colombia (1991). Título I, de los Principios Fundamentales, Artículo 7.

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